Fiestas populares en honor del Santísimo Cristo de la sala. Fiestas

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Fiestas populares en honor del Santísimo Cristo de la sala

Bargas (Toledo)GPS: 39.9416, -4.01901

Llegado el tercer viernes de septiembre, día de la inauguración oficial de las fiestas, se procede, en primer lugar, a una ofrenda floral al Cristo de la Sala en la Iglesia Parroquial, ofrecida por los niños y niñas de la localidad ataviados con los trajes típicos bargueños. Por la noche, tiene lugar el pregón y la proclamación oficial de las Reinas y Damas de Honor, seguido del peculiar “chupinazo”, o traca inicial de las fiestas. Un desfile de carrozas a concurso, amenizado por las bandas de música de la localidad, precede a la verbena que tiene lugar por la noche en la plaza del Ayuntamiento.

A partir de la mañana siguiente, en hora temprana, se suceden los tradicionales encierros, que comienzan a la suelta de tres cohetes, estando precedidos por dianas y pasacalles. No faltan durante todas las fiestas corridas de toros, novilladas y otros espectáculos taurinos, además de conciertos, orquestas y entretenimientos variados. Hay también actividades programadas para los jóvenes y para los más pequeños.

El aspecto religioso de las fiestas se manifiesta fundamentalmente en varios acontecimientos: el solemne Miserere del sábado por la tarde, en el que actúa la Coral Parroquial de Bargas y la Banda de Cornetas y Tambores de Bargas, seguido de la típica quema de la Luminaria y castillos de fuego, que son saltados por los mozos del pueblo; y una solemne Misa Mayor en la mañana del domingo, con la actuación de la Coral de RTVE, a cuyo término se realiza una mascletá en la puerta de la Iglesia.

Pero sin duda, el acto religioso principal de las fiestas lo constituye la PROCESIÓN DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA SALA, declarada "Fiesta de Interés Turístico Regional" por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (Orden de 20 de marzo de 2003, de la Consejería de Industria y Trabajo. D.O.C.M. nº 49, de 7 de abril de 2003). 

Es un acontecimiento de larga tradición, institucionalizado desde el año 1733, y que continúa celebrándose cada tercer domingo de septiembre al anochecer, momento en que todo el pueblo rinde culto a un Cristo muy venerado desde tiempos remotos.

Es un acto de un tipismo muy característico y de una gran vistosidad, dado el abundantísimo número de mujeres que lucen ese día el traje bargueño, un traje de fiesta que tiene una larga tradición, heredada de madres a hijas, consistente en falda plisada, enaguas de encaje y puntillas, blusa con pasamanería, delantal de raso bordado a mano y adornos de azabaches y lentejuelas. Como prenda destacada, se cubren con un mantón de Manila, (entre los que se aprecian algunos muy antiguos, de época isabelina, adornados con motivos florales o animales y vistosos colores), que las bargueñas se colocan de forma muy característica y laboriosa, doblado en pico y cruzado hacia atrás, estando recogido en pequeñas dobleces en la nuca y prendidas minuciosamente con infinidad de alfileres de nácar para evitar que el mantón se mueva.

Mención especial merecen los adornos y joyas que las bargueñas lucen tradicionalmente en las fiestas, por su forma y antigüedad, entre los que destacan las "arracadas", unos singulares pendientes de oro y pedrería de reminiscencia mudéjar, y los "aderezos", colgantes de oro y brillantes, en forma de lazo, pluma o almendra.

Del traje bargueño de hombre, sin embargo, sólo ha perdurado el utilizado a diario como traje de faena, y es el que los bargueños se ponen para la Procesión. Está formado por un blusón de rayas azules, pantalón “de mandilillo” de pana gruesa y alpargatas.  Al igual que las mujeres, que se cubren la cabeza con un pañuelo de seda blanco durante la Procesión, los bargueños utilizan una gorra de bisera de color gris rayada. Igualmente, todos ellos llevan el pañuelo rayado o “de hierbas” anudado al cuello, un símbolo de identidad y tradición en Bargas, el mismo que se colocan todos los bargueños y bargueñas a partir de su puesta oficial en el acto de inauguración de las fiestas y que llevan hasta la finalización de las mismas.

 

Desarrollo del acto:

La tradición del Cristo de la Sala se remonta al siglo XVIII. Siguiendo las Descripciones del Cardenal Lorenzana de 1786, por entonces en Bargas ya existía, junto a la Iglesia Parroquial, una capilla que albergaba al Cristo de la Sangre, comúnmente llamado "de la Sala" porque dicha capilla debió ser sala capitular de la casa contigua, que posiblemente funcionaba como hospital benéfico regido por la Cofradía de la Vera Cruz, según un acta capitular de 1660.

La Procesión sale por las llamadas "Puertas Gallegas" de la iglesia parroquial y está presidida por el Presidente de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Sala, acompañado por el Alcalde de Bargas. Junto a ellos, se sitúan las personalidades de mayor rango invitadas. También comparecen los miembros de la Corporación Municipal y otros invitados ilustres, así como representantes de entidades y asociaciones locales. Todos ellos son conducidos por una banda de música desde la plaza del Ayuntamiento hasta las puertas de la iglesia, para dar comienzo al desfile procesional por las calles del casco histórico de la localidad. La representación religiosa está presidida por el Párroco de Bargas, acompañado por otras autoridades eclesiásticas.

La carroza del Cristo va encabezada por las Reinas y Damas de las fiestas y escoltada por miembros de la Guardia Civil, estando flanqueada durante todo el recorrido por dos hileras formadas por un elevado número de bargueñas (el año pasado se contabilizaron alrededor de 2.000) que caminan en silencio, portando velas y siguiendo las instrucciones de los miembros de la Junta Directiva de la Hermandad, los cuales son los que conducen y dirigen la Procesión. En medio de las filas, los estandartes, llevados por voluntarios, encaminan la comitiva, y junto a ellos, las bandas de música locales.

Al término del recorrido, se procede a la quema de fuegos artificiales en la explanada de la iglesia parroquial.

Los actos festivos se prolongan hasta el martes por la noche, momento en que un chupinazo indica el final de las fiestas, celebrándose al día siguiente un solemne funeral ofrecido por la Hermandad del Stmo. Cristo de la Sala en recuerdo de los hermanos fallecidos.

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