Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes

IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes
IV Centenario de Cervantes

Castilla-La Mancha celebra durante 2016 el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Las páginas de El Quijote han contribuido al conocimiento universal de los pueblos y paisajes de esta región. A lo largo de su vida, aventurera e intensa, el escritor tuvo relación con diferentes lugares de esta tierra. Toledo, Esquivias y Argamasilla de Alba, fueron decisivos en su vida. Sigue sus pasos y anímate a descubrir los encantos de estos, y otros, rincones cervantinos de Castilla-La Mancha, parte esencial de nuestro patrimonio cultural.

De Esquivias a Toledo

El templo parroquial de Esquivias está dedicado a Nuestra Señora de la Asunción. El 12 de diciembre de 1584 Cervantes se casó allí con doña Catalina de Salazar y Palacios, vecina de la localidad. En la sacristía de la iglesia se conserva el Libro de Matrimonios donde queda documentado el enlace. Catalina era sobrina del hidalgo Alonso Quijada Salazar, en quien algunos investigadores han visto inspiración para el inmortal héroe literario de Don Quijote.

En un típico caserón del siglo XVI abre sus puertas la Casa Museo de Cervantes en Esquivias. En ella conocerás detalles de la relación entre Cervantes y esta población sagreña. Disfruta del ambiente popular que evocan sus dependencias, entre las que no falta una típica bodega. Los vinos de este rincón toledano siempre han sido muy apreciados, tanto que en tiempos de don Miguel estaban reservados para la Casa Real y la nobleza, siendo prescritos como remedio médico para enfermos y parturientas.

Cercano a Esquivias está Illescas. Ciudad privilegiada por el Cardenal Cisneros, en cuyo hospital de la Caridad podrás admirar hasta cinco obras de El Greco, y a la sombra de cuyo Olmo varias veces centenario, en la Plaza de Infanzones, gustaba de tomar la sombra el autor de El Quijote. Capital de La Sagra, atesora un rico patrimonio histórico y cultural. Parada obligada para don Miguel en sus numerosos desplazamientos desde Esquivias a Toledo y a Madrid

El matrimonio también tuvo casa en Toledo. Estuvo situada en el barrio de Andaque, cerca de las orillas del Tajo, por donde antaño trajinaban las antiguas tenerías árabes. Recorre el laberinto toledano buscando el espíritu de Don Miguel, quien pasó en Toledo diferentes periodos de su vida. Allí observó y trató a comerciantes, caballeros, soldadesca, clérigos y pícaros. De todos ellos tomó buena nota para sus obras, dejándonos retazos de ellos en La ilustre fregona, La Galatea, Rinconete y Cortadillo, La fuerza de la sangre, Los trabajos de Persiles y Segismunda, Viaje del Parnaso y, como no, en El Quijote.

En las páginas de su novela más universal, Cervantes relata que paseando un día por el Alcaná toledano, barrio comercial en los alrededores de la Catedral Primada, compró unos cartapacios escritos en caracteres arábigos en los que se narraba la historia del singular hidalgo manchego. Cuatro siglos después, estas mismas calles mantienen su bullicio. Pasea por ellas junto a los miles de visitantes que llegan a Toledo cada día y encamínate hasta la Plaza de Zocodover.

En los respaldos de sus bancos de piedra verás recreadas, en típica azulejería cerámica, escenas quijotescas. Zocodover es la plaza mayor de Toledo. Su espacio urbano conserva características de estos singulares espacios urbanos castellanos, destacando sus soportales sostenidos por columnas de granito. Ponte frente al reloj. Mira hacia el Arco de la Sangre y baja por sus escaleras. A su pie te espera Don Miguel. Fotografíate junto a su estatua y continúa bajando por la calle que lleva su nombre.

Pasarás por el Museo de Santa Cruz, en cuyas salas se conserva el gran pendón de la Batalla de Lepanto, en la que el escritor resultó herido en una mano. El estandarte fue entregado por don Juan de Austria a la Catedral toledana tras la victoria sobre la flota turca. Continúa caminando hasta el edificio que lleva el número trece. Allí abría sus puertas la afamada Posada del Sevillano, en cuyas dependencias ambientó Cervantes La ilustre fregona. En otras páginas de sus obras, don Miguel la citaba como una de las posadas mejores y más frecuentadas de Toledo. En su fachada, una placa conmemorativa perpetúa este recuerdo cervantino.

Tienes muy cerca el río Tajo, del que Cervantes, en el Viaje del Parnaso, dijo que sus aguas en vez de arena llevaban granos de oro. Claro que eran otros tiempos mejores para este cauce fluvial que, pese a todo, aún abraza poderoso el promontorio pétreo donde se levanta Toledo. Desde el Paseo del Carmen verás restos del famoso Artificio de Juanelo, que en las páginas de La ilustre fregona se citaba como uno de los grandes atractivos de la Ciudad Imperial.

Sin abandonar la provincia de Toledo, puedes visitar Madridejos y Tembleque, lugares ambos con numerosas referencias cervantinas. En Madridejos se celebran cada año las Jornadas Quijotescas, y podrás encontrar el famoso Molino del Tío Genaro, uno de los escasos ejemplares de molino de viento que persiste de la época en que Cervantes escribió El Quijote. Conserva intactas su estructura y maquinaria.

Y es que en estas tierras, el recuerdo de Cervantes está presente en cada uno de los pueblos manchegos donde veas alzarse un molino de viento, como en Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Consuegra o Mota del Cuervo. En Consuegra se alzan en el Cerro Calderico, y en Mota del Cuervo te asomarás al Balcón de la Mancha. En ambos escenarios se imagina perfectamente la descripción de la batalla contra los gigantes, esencia pura del ideal que encarnan a la vez el personaje y el autor, cuya azarosa vida fue en todo momento una batalla constante contra gigantes aparentemente inamovibles.

Es tradición popular que estando preso en la Casa de Medrano, en Argamasilla de Alba, Cervantes comenzó allí a escribir El Quijote. Conoce este singular pueblo manchego y baja hasta la cueva que fue celda de don Miguel. Entra en ella e imagínatelo sentado ante una sencilla mesa de madera, con buena pluma, papel y la tenue luz de un candil, iniciando su relato: “En un lugar de la Mancha,...”.

No debes dejar Argamasilla sin visitar la casa del Bachiller Sansón Carrasco, quien junto al cura y al barbero pusieron todo su empeño en devolver la cordura a don Alonso Quijano. Cerca de esta localidad se levanta el castillo y el santuario de Peñarroya, desde donde debes acercarte al Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, una de las joyas medioambientales y turísticas de Castilla-La Mancha. Su belleza y misterio quedaron reflejadas en las páginas de El Quijote. Baja, luego, a la Cueva de Montesinos y atrévete a desafiar los encantamientos del mago Merlín. En Manzanares dicen que narró un cabrero al Caballero de la Triste Figura la historia de Marcela, la bella y malvada pastora. Historia que sin duda recogería en esa zona don Miguel, para recrearla en su obra, como recreación de las quema de libros de la biblioteca del Marqués de Villena en Belmonte es la famosa expurgación de la biblioteca de Don Quijote. Cercano el Monasterio de Uclés, la visita al corazón de la Orden de Santiago es obligada.

Más al sur, está el lugar donde se origina el famoso grito de “voto a Rus”, la ermita de la Virgen de Rus, en la señorial y renacentista villa de San Clemente, desde donde conocer La Mancha conquense y Albaceteña.

Indispensable también visitar El Toboso, patria natal de la sin par Dulcinea con sus encaladas fachadas, donde persiste “la Casa de Dulcinea”. Aquí se muestra, además, cómo era un caserón manchego en la época de Cervantes, en la Casa-Museo de Doña Ana Martínez Zarco. Su iglesia parroquial dio lugar a la sentencia “con la iglesia hemos topado”.

Te adentras a poco en los campos de Montiel, donde el hidalgo vivió algunas de sus hazañas más fabulosas. Y en las ventas y antiguos paradores del camino hacia Andalucía, como las conservadas en Puerto Lápice. Y en la señorial Almagro, en cuyo Corral de Comedias, las representaciones de las obras teatrales de don Miguel transmiten encanto y emoción especial. Y por supuesto, Villanueva de los Infantes, centro geográfico del Campo de Montiel que pugna por ser la patria de Alonso Quijano.

Cervantes mantenía enormes lazos familiares en Cuenca, Alcalá y Guadalajara, y en la segunda parte del Quijote recrea escenas y paisajes por él bien conocidos y transitados. Desde los alrededores de Beteta, en el corazón de la serranía Conquense, hasta las tierras de Molina de Aragón y Sigüenza, donde se recrea la famosa aventura de Clavileño, la obra cervantina se enlaza con su propia biografía, y la de su familia más cercana, como plagados de genealogía cervantina se encuentran los archivos parroquiales de Ocaña, Madridejos, Tembleque, Villafranca de los Caballeros

"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, escribió don Miguel. No desdeñes su consejo y en este año cervantino disfruta de su magistral obra literaria y, con ella, de Castilla-La Mancha. Es grande cuanto tienes que ver, conocer y saborear.

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