Los alrededores de la ciudad de Tomelloso están enriquecidos por estas geniales joyas arquitectónicas que decoran el paisaje rural y lo embellecen, proporcionando a Tomelloso una seña distintiva y peculiar.
Son arquitecturas rústicas de carácter agrícola. Están fabricados de forma natural con la piedra del lugar (lajas o lanchas), desenterrada por el arado y amontonada en las lindes.
La construcción requiere una esmerada técnica ya que se realiza piedra sobre piedra sin ligar con ningún tipo de argamasa (técnica que en arquitectura de denomina de “piedra seca”). El techado o la cubierta se realiza en forma de falsa bóveda y su planta suele ser circular.
En su interior podemos encontrar entre otros, la chimenea para el fuego, los poyos para el descanso, las hornacinas a modo de alacenas, las estacas clavadas en las paredes o ganchos donde principalmente se colgaban los aperos al terminar las faenas y la zona de la cuadra para los animales, los cuales proporcionaban calor durante la noche.
Es un ejemplo típico de la arquitectura popular manchega, que se reproduce fielmente en el Museo del Carro y Aperos de Labranza de Tomelloso, construido por Pablo Moreno e inaugurado en 1970.