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A las afueras de Illescas se alza El Cerrón, un cerro artificial que guarda siglos de historia y permite recorrer el pasado celtibérico, romano y medieval de la Meseta Sur.
Illescas, Toledo
El yacimiento se sitúa a 3,5 km al suroeste del casco urbano, junto a la autovía Madrid-Toledo.
Acceso libre a pie por caminos rurales desde Illescas. No cuenta con infraestructuras turísticas, por lo que se recomienda extremar la precaución y respetar el entorno arqueológico.
Acceso libre. Es aconsejable visitar el yacimiento con calzado cómodo, evitar los días de calor intenso y complementar la visita con información previa para comprender mejor la importancia histórica del enclave. El respeto absoluto por las estructuras es fundamental.
Acceso gratuito.
Conjuntos históricos
Paleontología
Visita libre
El Cerrón es un promontorio de origen artificial situado al suroeste de Illescas, utilizado como asentamiento y espacio ritual desde la Edad del Hierro hasta época musulmana.
La silueta del cerro y la amplitud del paisaje permiten imaginar el poblado celtibérico dominando el corredor natural del Tajo.
El yacimiento arqueológico de El Cerrón se localiza a unos 3,5 kilómetros del casco urbano de Illescas, junto a un camino paralelo a la autovía Madrid-Toledo. Se trata de un cerro truncado de forma ovalada, levantado artificialmente sobre margas y gravas, que funcionó como lugar de hábitat y santuario.
Su carácter sagrado queda reflejado en la existencia de un santuario en la plataforma superior, lo que indica que fue también un lugar de peregrinación dentro del mundo celtibérico.
La tierra compactada, las piedras visibles y los restos constructivos transmiten la materialidad de la arquitectura celtibérica.
Las investigaciones arqueológicas han documentado dos grandes fases de ocupación prerromana, ambas correspondientes a la Edad del Hierro, además de reutilizaciones posteriores en época medieval.
El silencio del entorno rural ayuda a conectar con la atmósfera ancestral del asentamiento.
El primer nivel de ocupación corresponde a un poblado fechado en la primera mitad del siglo IV a. C. Las viviendas estaban construidas en adobe, con interiores enlucidos con cal, suelos de tierra apisonada y cubiertas de troncos y ramas. La piedra apenas se empleaba, salvo en usos puntuales. Asociados a este nivel se han localizado hoyos y basureros.
El segundo nivel, fechado entre los siglos III y II a. C., presenta un poblado más estructurado, con viviendas rectangulares superpuestas, zócalos de piedra y paredes de adobe enlucidas y pintadas de rojo. A esta fase pertenecen numerosos materiales cerámicos completos y hallazgos de gran valor, como el conocido Relieve de los Aurigas.
En las tierras llanas al pie del cerro se ha documentado una extensa necrópolis, lo que refuerza la importancia del enclave como centro poblacional y ritual.
La ocupación del cerro se prolongó hasta época medieval, como demuestra la existencia de silos de almacenamiento de grano excavados en la parte superior, algunos de los cuales alteraron estructuras más antiguas del santuario.
Un lugar sagrado de peregrinación celtibérica convertido en lugar clave para comprender la Edad del Hierro en el centro peninsular. Restos de viviendas celtibéricas, estructuras rituales, silos medievales, áreas de necrópolis y la morfología completa de un poblado fortificado prerromano en excelente estado de conservación.
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