Cargando...
Dale un nombre a tu nueva lista de favoritos que te ayude a identificarla fácilmente.
Por ejemplo: "Planes de fin de semana en Castilla-La Mancha", "Paisajes naturales", "Rutas gastronómicas"... o cualquier nombre que se ajuste a tus planes.
Alzado sobre un cerro aislado y dominante, el castillo de Almonacid de Toledo es una de las fortalezas más reconocibles del paisaje toledano. Su silueta, visible desde la lejanía, recuerda el papel estratégico que desempeñó durante siglos como bastión defensivo y enclave militar clave entre Toledo y La Mancha.
Almonacid de Toledo, Toledo
El castillo se sitúa en la calle Cerro del Castillo, s/n de Almonacid de Toledo. Desde Toledo capital se accede por la carretera CM-401 en dirección a Mora. Una vez en Almonacid de Toledo, un camino de tierra señalizado permite ascender hasta las inmediaciones del castillo. El último tramo puede realizarse a pie o en vehículo, con precaución.
Acceso libre. No cuenta con control de entrada ni instalaciones turísticas.
Acceso libre.
Siglo IX
Visita libre
Musulmana
El Castillo de Almonacid de Toledo es una fortaleza de origen musulmán cuya primera referencia documental se remonta al año 848. Se levanta sobre el cerro del Castillo, a unos 400 metros al sur del casco urbano, controlando visualmente amplias extensiones del territorio circundante.
Tras la conquista cristiana, pasó a manos del rey Alfonso VI como parte de la dote de su esposa Zaida, siendo posteriormente donado a la Catedral de Toledo. Su fisonomía actual se debe, en gran medida, a las reformas impulsadas en el siglo XIV por el arzobispo Pedro Tenorio.
Panorámicas espectaculares sobre la llanura manchega y el entorno toledano
A lo largo de su historia, el castillo ha tenido funciones muy diversas. En época medieval fue residencia permanente de tropas y núcleo de vigilancia defensiva. En tiempos de Juan I de Castilla sirvió como prisión para Alfonso de Gijón y Noreña, hijo bastardo de Enrique II.
Durante la Guerra de la Independencia, en 1809, el castillo fue ocupado por tropas españolas al mando del general Venegas. A sus pies se libró la Batalla de Almonacid, que terminó con la toma de la fortaleza por el ejército francés. Tras estos hechos, el castillo quedó muy dañado.
En 1839, la autorización para reutilizar sus materiales por parte de los vecinos aceleró su deterioro. Aun así, conserva una poderosa presencia arquitectónica y un notable valor patrimonial.
Piedra rugosa, muros antiguos y suelo terroso
La fortaleza ocupa una superficie aproximada de 3.600 m² y presenta una planta poligonal. Todo el recinto está rodeado por un foso perimetral y una barbacana exterior. Cuenta con cinco torres, dos de planta cuadrada y tres cilíndricas, hoy parcialmente arruinadas.
La fábrica es de mampostería irregular trabada con mortero de cal, con zonas de aparejo mixto de ladrillo y mampuesto. En las esquinas existieron refuerzos de sillería granítica, hoy prácticamente desaparecidos.
Perfecta antesala para disfrutar de la gastronomía tradicional manchega en el pueblo
En el interior se abre un amplio patio de armas donde aún se reconocen restos de aljibes, silos para el grano y dependencias auxiliares. En el centro se alza la torre del homenaje, que llegó a contar con tres plantas. Las bóvedas conservadas, tanto de la torre como de otras estancias, están construidas en ladrillo, con soluciones de cañón y horno.
El conjunto responde al modelo de castillo del siglo XIV concebido como residencia militar permanente, preparado para albergar guarniciones estables y garantizar el control del territorio.
Un castillo de frontera visible desde kilómetros, testigo de batallas, prisiones reales y siglos de historia defensiva.