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En el valle del Arroyo de la Vega, las Salinas de San Juan ofrecen un viaje por más de ochocientos años de historia ligada a la extracción de sal, en un entorno donde patrimonio, arqueología e industria tradicional se dan la mano. Un paisaje cultural vivo donde la sal sigue brotando como hace siglos.
Atención al visitante
Visitas guiadas
Aparcamiento
Saelices de la Sal, Guadalajara
SÁBADOS.- A las 12:30 horas.
DOMINGO.- A las 11:30 horas.
OTROS HORARIOS: concertar visita COSMOGUADA 641608806
Vistas guiadas: COSMOGUADA: 641608806
General | 6€ persona adulta.
Grupos | 2€
Gratuita | Menores de edad.
Consejos al visitante:
Visita guiada
Siglo XIII
Arquitectura industrial
Las Salinas de San Juan se sitúan en el término municipal de Saelices de la Sal, en un valle natural orientado de oeste a este. El conjunto está formado por dos pozos o norias, cocederos y recocederos, amplias albercas, una compleja red de canalizaciones, eras de evaporación, un almacén de sal o alfolí y una singular ermita de planta elipsoidal que aporta un carácter único al enclave.
El origen de la explotación salinera es muy antiguo. La cercanía de yacimientos salinos y poblados celtíberos sugiere que ya en la Antigüedad se conocían y aprovechaban estas surgencias de sal, fundamentales para el ganado y la metalurgia del hierro. Posteriormente, romanos y poblaciones andalusíes continuaron utilizando estos recursos, aunque sin ejercer un control administrativo directo sobre la explotación.
Albercas, eras y canalizaciones dibujan un mosaico blanco y brillante en el fondo del valle.
Los primeros documentos escritos que mencionan la extracción de sal en Saelices de la Sal datan de 1203, lo que convierte a estas salinas en uno de los conjuntos documentados más antiguos de la España cristiana. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, la propiedad de las salinas estuvo en manos de distintos señores bajo el control del rey de Castilla, hasta su integración en el Partido Salinero de Atienza y, más tarde, en el Patrimonio Real.
Las instalaciones visibles en la actualidad responden en gran medida al impulso industrial promovido por la monarquía borbónica en el siglo XVIII, cuando la producción salinera se organizó de forma sistemática dentro del estanco de la sal, un monopolio estatal que regulaba su explotación y comercialización.
El aire lleva consigo ese inconfundible olor limpio y seco de la sal recién formada.
En el siglo XIX, el estanco de la sal comenzó a ser duramente cuestionado por su impacto social y económico, especialmente sobre las clases más desfavorecidas. No fue hasta la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, cuando este monopolio fue definitivamente abolido, entrando en vigor el fin del estanco en 1870 tras la subasta pública de las fábricas de la Hacienda.
Tras décadas de abandono, las salinas iniciaron una nueva etapa en 2003 con la adquisición de las instalaciones por la Fundación Naturaleza y Desarrollo y el Ayuntamiento de Saelices de la Sal. Desde entonces, se emprendió un ambicioso proceso de restauración, tomando como referencia la configuración que el conjunto tenía en el siglo XVIII.
Piedra, madera y sal cuentan siglos de trabajo humano con solo rozarlos.
Las labores de recuperación, impulsadas inicialmente por el Ministerio de Cultura hasta 2008, permitieron restaurar el muro perimetral del Partido de Arriba, el edificio de la noria, varios recocederos, gran parte de las eras y el alfolí. A partir de 2011, gracias a un convenio con la Diputación de Guadalajara, se continuaron los trabajos en el Partido de Abajo y se reanudó la explotación artesanal de la sal, que se mantiene de forma ininterrumpida hasta la actualidad.
Hoy, las Salinas de San Juan no solo conservan su valor histórico y etnográfico, sino que siguen siendo un ejemplo vivo de aprovechamiento sostenible del territorio, donde tradición y presente se dan la mano… y la sal vuelve a tener sabor a historia.