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La Casa de Dulcinea te abre sus puertas para viajar al Siglo de Oro y adentrarte en el mundo íntimo (y mitificado) de la mujer que conquistó el corazón de Don Quijote.
El Toboso, Toledo
De martes a sábado
de 10:00 a 14:00 h y de 15:00 a 18:30 h.
Domingos de 10:00 a 14:00 h.
Días de cierre
Todos los lunes
1 y 6 de enero,1 de mayo, 28 de agosto,
24, 25 y 31 de diciembre.
Último acceso al Museo 15 minutos antes de la hora de cierre.
General | 3 euros.
Reducida | 1,5 euros.
Grupos de 10 o más personas con visita concertada.
* Para grupos superiores a diez visitantes, la persona responsable comunicará la gestión mediante correo electrónico con el Museo.
Gratuita |
Todos los miércoles a partir de las 15:00 h. Domingos 18 y 31 de mayo.
Menores de 18 años y mayores de 65, pensionistas, docentes, estudiantes entre 18 y 26 años, Carné Joven o equivalente UE, docentes, guías oficiales de turismo, periodistas e investigadores, personas con discapacidad y acompañantes, familias numerosas, víctimas de violencia de género e hijos/as, desempleados, donantes, personal y voluntarios en el propio museo y miembros de Asociaciones de museos (ICOM, ANABAD, etc.). Más información.
Es necesaria la acreditación de todas las circunstancias.
En el corazón de El Toboso se encuentra esta casona manchega del siglo XVI, tradicionalmente identificada como el hogar de Ana Martínez Zarco de Morales, la mujer real que inspiró a Cervantes para crear a Dulcinea, el amor idealizado de Don Quijote. El museo recrea con enorme fidelidad la vida doméstica de una familia acomodada en pleno Siglo de Oro: bodegas, cocinas, artesas, ajuar doméstico, mobiliario y herramientas que cuentan, sin hablar, cómo era el día a día en la Mancha cervantina.
Pocos lugares capturan de forma tan directa la mezcla entre historia y literatura. Aquí no solo paseas por estancias antiguas: paseas por las páginas del Quijote. Y sin necesidad de que ningún molino te desafíe por el camino.
El patio manchego despliega galerías, sombras y luz que parecen sacados directamente de un grabado antiguo.
La visita comienza en el amplio patio manchego, luminoso y sereno, flanqueado por galerías de madera y muros encalados que evocan la arquitectura tradicional. Desde allí se accede a las diferentes dependencias: la cocina con su llar y sus utensilios de barro, las habitaciones decoradas con tejidos y mobiliario de época, la bodega con tinajas centenarias y los espacios dedicados al trabajo artesanal.
El museo conserva un ambiente doméstico auténtico, sin artificios, que ayuda a comprender la vida rural acomodada de los siglos XVI y XVII. La museografía es discreta y respetuosa, permitiendo que el visitante conecte con la historia sin distracciones. Y mientras avanzas, inevitablemente surge la pregunta: ¿y si Dulcinea no fuera solo invención? El Toboso invita a creer… y el museo lo hace sorprendentemente fácil.
Ese olor a madera, polvo antiguo y frescor de tinaja que solo un museo doméstico puede conservar.
El Museo-Casa de Dulcinea es uno de los espacios culturales más emblemáticos de la Ruta del Quijote. Su valor no reside únicamente en la tradición que la vincula a Dulcinea, sino también en su cuidadoso trabajo de recuperación histórica. La visita ofrece una perspectiva clara sobre cómo vivían las familias pudientes de la Mancha a finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna. Cada estancia mantiene mobiliario real del periodo y herramientas originales cuyo uso se explica a través de paneles interpretativos. El entorno, perfectamente conservado, otorga a la experiencia una atmósfera de autenticidad que atrae tanto a amantes de Cervantes como a quienes buscan comprender la vida cotidiana preindustrial de la región. Este equilibrio entre patrimonio, literatura e identidad convierte a la Casa de Dulcinea en una parada imprescindible del turismo cultural manchego.
El museo se integra en el casco histórico de El Toboso, localidad cervantina por excelencia, donde numerosas referencias literarias conviven con arquitectura tradicional y artesanía local. La Casa de Dulcinea suele formar parte de visitas conjuntas con el Museo Cervantino y la Iglesia de San Antonio Abad, reforzando la experiencia completa del universo quijotesco.
Además, el museo se ha consolidado como un lugar de referencia para actividades educativas y eventos culturales vinculados a Cervantes, a la literatura y a la recreación histórica. Su accesibilidad, su ubicación céntrica y la amabilidad del personal completan un espacio pensado para un público amplio y familiar, que sale del museo con la sonrisa de quien todavía cree un poco en la Dulcinea que inspiró al Caballero de la Triste Figura.
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