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La Tamborada de Hellín es una de esas experiencias que no se olvidan: un mar de túnicas negras, tambores tensos y un sonido que recorre el cuerpo. Una fiesta emocionante que ha hecho del toque del tambor su seña de identidad.
Actividades
Hellín, Albacete
https://cultura.castillalamancha.es/patrimonio/catalogo-patrimonio-cultural/tamborada-de-hellin
Consulta el programa oficial de actividades.
La tamborada tiene lugar en la calle, para disfrute de la ciudadanía.
Interés turístico nacional
Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, la Tamborada de Hellín se celebra principalmente el Miércoles y el Viernes Santo, cuando miles de tamborileros toman las calles para protagonizar uno de los espectáculos acústicos más impresionantes del país.
La tradición hunde sus raíces en el siglo XVIII, aunque su forma actual surge a comienzos del XX. Cada toque es personal, pero forma parte de un latido colectivo que parece sincronizar a toda la ciudad. En noviembre de 2018 la Tamborada de Hellín fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, junto con otras manifestaciones culturales similares.
El estruendo continuo recorre las calles y el cuerpo, envolviendo al visitante en un murmullo atronador imposible de comparar con ninguna otra fiesta.
La tamborada no es un simple acompañamiento de la Semana Santa: es un universo propio. No hay partitura, ni dirección musical, ni jerarquías. Solo una multitud tocando al unísono… o al desunísono, pero con un resultado tan potente que Hellín entera se transforma en un tambor abierto al cielo.
Las túnicas negras son uno de los símbolos más reconocibles, así como los bombos y tambores artesanales que se preparan durante meses. Las peñas tamborileras, las reuniones previas, el “ensayo general” que supone cada toque espontáneo: todo forma parte de un patrimonio inmaterial arraigado en el corazón de la ciudad.
Miles de tamborileros avanzan en oleadas, golpeando al ritmo de un pulso colectivo que transforma Hellín en un espectáculo visual.
La Tamborada es una celebración de identidad colectiva: familias enteras participan generación tras generación, los talleres de construcción de tambores mantienen vivo un oficio tradicional y la ciudad entera se ordena estos días según el ritmo del parche y la baqueta. La vivencia es intensa tanto para quien participa como para quien observa, porque el sonido se vuelve paisaje y emoción.
Los muros, el suelo, incluso la ropa parecen vibrar al paso de los tambores. Una sensación física que convierte al visitante en parte del rito.
La persona visitante se encontrará con un ambiente vibrante desde primeras horas. Las calles se llenan de procesiones, peñas y grupos espontáneos donde Hellín demuestra su hospitalidad natural. Las plazas funcionan como cajas de resonancia donde el sonido asciende, rebota, se amplifica y se vuelve un eco que acompaña todo el día y parte de la noche. Es un espectáculo total y profundamente humano.
Atractivos principales
Toque multitudinario del Miércoles Santo.
Apoteosis sonora del Viernes Santo, el día más esperado.
Talleres y comercios artesanales de tambores y túnicas.
Hermandades y pasos que conviven con el continuo toque tamboril.
Ambiente festivo, identitario y único en Castilla-La Mancha.