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Tomelloso es toda una experiencia para los sentidos y para el espíritu. En el corazón de La Mancha, sus calles empedradas, plazas acogedoras y una rica historia invitan a disfrutar de la conocida como “Ciudad del vino” –estamos en la capital del enoturismo–, sumergirse en su rico patrimonio, su vibrante actividad cultural y empaparse de su legado artístico y literario; sin olvidar disfrutar de su manchega y popular gastronomía.
Tomelloso, Ciudad Real
Lunes
Para comenzar la visita nada mejor que acercarse a la Posada de los Portales, una antigua posada de viajeros que hoy acoge un centro cultural y la Oficina de Turismo. En la cercana Plaza de España se levanta el Ayuntamiento con su blanca fachada y cuyas dependencias se pueden visitar con reserva previa. En una esquina la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora custodia tallas de indudable valor como la Sagrada Familia, el Belén y el Descendimiento. Una cita imprescindible es con el Museo Antonio López Torres, donde la luz, el realismo, la naturaleza y la humanidad de la obra del genial pintor nacido en Tomelloso no nos dejarán indiferentes. Y, si de museos hablamos, hay que acercarse al de Arte Contemporáneo Infanta Elena; o al Museo Etnográfico del Carro y Aperos de Labranza-Bombo, que ofrece un viaje en el tiempo para conocer cómo se trabajaba la tierra y elaboraba el vino, y admirar el bombo, típica construcción rural de piedra seca que servía de vivienda y refugio durante las faenas del campo. Para los más taurinos abre sus puertas el Museo Taurino ubicado en la bella Plaza de Toros. Junto al Teatro Municipal se levanta, dominando el paisaje, la Chimenea de la antigua bodega de Antonio Fábregas con 40 metros de altitud, una de las más de 100 que llegó a tener la localidad y que reflejan la pujanza de las antiguas fábricas de alcohol. A poco más de cinco kilómetros, es muy recomendable la visita al recinto de Pinilla, donde se encuentran la Ermita de la Virgen de las Viñas y su Museo.
Hay que reservarse para disfrutar de una de las experiencias que hacen la estancia en Tomelloso algo único: la visita a las cuevas utilizadas para la producción y conservación del vino, quizás el mayor y más genuino patrimonio de la localidad. Construidas bajo las viviendas, se calcula que son más de 2.500 las existentes que serpentean bajo la ciudad como si de un laberinto se tratase. Son varias las que abren sus puertas al público ofreciendo un viaje al siglo XIX en unos espacios singulares.
La gastronomía manchega es un viaje al corazón de la tierra seca y generosa, donde el pan, el queso y el vino cuentan historias de pastores, labradores y fogones eternos.
Capital del enoturismo
Tomelloso es el mayor productor de alcohol vínico del mundo. Su economía y desarrollo social están unidos a la producción vitivinícola desde hace dos siglos. Estas circunstancias han empujado la aparición de una oferta enoturística difícil de igualar. Junto a la vista a las cuevas, muchas bodegas ofrecen una experiencia inolvidable para conocer el proceso completo de elaboración del vino, que se puede enriquecer con la asistencia a talleres, catas, incluso conciertos y otras experiencias inmersivas. Como no podía ser de otra manera, no son pocas las celebraciones que tienen al vino como protagonista: en el marco de la Feria y Fiestas de la ciudad a finales de agosto se celebra la Fiesta del Vino, evento que fomenta la cultura enoturística; y Tomelloso Sabor, una muestra gastronómica con productos de proximidad, showcookings, conciertos, concursos de cata de vino, brandy y aceite, conferencias, talleres infantiles y jornadas de puertas abiertas de los expositores. Por Tomelloso discurre además la Ruta del Vino de la Mancha.
El placer de una buena comida, casera, sencilla y con raíces se hace realidad en los muchos establecimientos hosteleros que generan un ambiente animado y popular en las calles y plazas de la ciudad. Entre los platos típicos no podemos dejar de degustar las migas de gañán, las famosas gachas, el pisto manchego, la caldereta de cordero, los galianos o gazpachos manchegos, las hojuelas, los rosquillos o las flores. En época de vendimia no pueden faltar las típicas tortas de mosto, el mostillo o el arrope, postres realizados con el mosto fruto de las vides. Todo acompañado por el famoso y tradicional Pan de cruz y los indispensables vinos de La Mancha.
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