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Bajo los áridos páramos de Las Valeras se esconde un mundo subterráneo monumental, donde la roca y el silencio protegen a algunas de las especies más sensibles de la fauna ibérica.
Valeria (Las Valeras), Cuenca
La principal amenaza para la microrreserva es el incremento de visitas y actividades espeleológicas, especialmente durante los periodos de hibernación y cría, que pueden provocar graves molestias a las colonias de murciélagos.
Por este motivo, el acceso al interior de la cueva está prohibido al público en general, y la totalidad del LIC se asienta sobre terrenos de propiedad privada, siendo imprescindible respetar las normas de conservación establecidas. Se recomienda consultar en el Ayuntamiento antes de realizar la visita.
Espacio Natural Protegido
La Cueva de la Judía se localiza en el término municipal de Las Valeras, dentro de la Sierra Media Conquense, en un entorno dominado por extensos páramos calizos y por la abrupta hoz del río Gritos, situada al norte del espacio protegido. El paisaje exterior contrasta con la riqueza subterránea que alberga la cavidad.
El Lugar de Importancia Comunitaria incluye la microrreserva de la cueva, con una superficie aproximada de 4 hectáreas, y una zona periférica de protección que alcanza en conjunto cerca de 197 hectáreas, enclavadas en los altos de la Sierra del Monje.
La cavidad constituye un ejemplo sobresaliente de karst desarrollado en materiales calizos, con una morfología interna compleja y de gran interés para el estudio de los procesos subterráneos. Su gran sala principal y la diversidad de espeleotemas la sitúan entre las cavidades más singulares de Castilla-La Mancha.
Páramos abiertos arriba; monumentalidad subterránea bajo la roca.
La cavidad es de origen kárstico y constituye una de las cuevas más conocidas y exploradas históricamente de Cuenca, con numerosas expediciones documentadas desde siglos pasados. En su interior se abre la mayor sala subterránea de la provincia, con una superficie aproximada de 400 m², situada a 50 metros de profundidad.
La cueva presenta amplias galerías y una gran diversidad de formaciones calcáreas, como estalactitas, estalagmitas y coladas, que la convierten en un enclave de alto valor geomorfológico y científico.
Un espacio donde el silencio protege la vida.
El entorno exterior está dominado por páramos cubiertos de matorral mediterráneo denso, con encinas y coscojas como especies principales, acompañadas por sabina negra (Juniperus phoenicea). En determinadas zonas, el romero se vuelve dominante como matorral bajo, alternando con amplios campos de cultivos de secano.
Estas áreas abiertas y de vegetación baja constituyen un hábitat idóneo para diversas aves esteparias, complementando el valor faunístico del conjunto.
La caliza recuerda millones de años de historia geológica.
La Cueva de la Judía es especialmente relevante como refugio de murciélagos durante todo el año. Entre las especies presentes destacan el murciélago ratonero grande (Myotis myotis) y el murciélago ratonero mediano (Myotis blythii), que alcanzan sus mayores poblaciones durante el periodo de cría.
Asimismo, el murciélago mediano de herradura (Rhinolophus mehelyi) mantiene una población residente, especialmente durante la hibernación invernal, mientras que el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii) utiliza la cavidad como refugio de invernada, aunque en menor número.
Además de los murciélagos cavernícolas, el entorno alberga una rica fauna asociada a medios abiertos y forestales. Destacan aves esteparias como el alcaraván, la ortega, el bisbita campestre, la cogujada montesina y la curruca rabilarga, así como rapaces y otras especies ligadas a los mosaicos agrarios tradicionales.
La principal amenaza para la microrreserva es el incremento de visitas y actividades espeleológicas, especialmente durante los periodos de hibernación y cría, que pueden provocar graves molestias a las colonias de murciélagos.
Por este motivo, el acceso al interior de la cueva está prohibido al público en general, y la totalidad del LIC se asienta sobre terrenos de propiedad privada, siendo imprescindible respetar las normas de conservación establecidas.