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Entre Madrid y Guadalajara se esconde uno de los paisajes más singulares y fotogénicos de la Sierra Norte: las Cárcavas de Valdepeñas de la Sierra, un escenario modelado por la erosión que sorprende por sus formas imposibles y su intenso color rojizo. Un paisaje sorprendente de cárcavas rojizas y chimeneas naturales a menos de una hora de Madrid.
Aparcamiento
Paneles interpretativos
Valdepeñas de la Sierra, Guadalajara
El acceso más habitual parte del embalse del Pontón de la Oliva, al que se llega desde la Comunidad de Madrid por la M-102.
Desde el aparcamiento inferior de la presa comienza una ruta de aproximadamente 30 minutos de ascenso.
Acceso libre
Espacio Natural Protegido
Aparcamiento
Rutas senderismo
Turismo activo
Situadas dentro del término municipal de Valdepeñas de la Sierra, aunque popularmente conocidas como “las Cárcavas de Patones”, estas formaciones pertenecen a la provincia de Guadalajara. Se encuentran muy próximas al embalse del Pontón de la Oliva, en el límite natural marcado por el río Lozoya.
Una cárcava es una depresión o hendidura formada por la erosión del agua sobre terrenos arcillosos desprovistos de vegetación. En este caso, la acción continuada de las escorrentías ha esculpido un paisaje abrupto de barrancos, crestas, agujas y pequeñas torres terrosas conocidas como “chimeneas de hadas”.
El contraste entre las arcillas desnudas de tonos ocres y rojizos y el paisaje verde que las rodea crea una imagen impactante. Desde lo alto, la sensación es la de contemplar una profunda herida abierta en el terreno.
Contempla desde lo alto un escenario de crestas rojizas y barrancos que parecen sacados de una película de ciencia ficción.
Su cercanía a Madrid —a poco más de una hora por carretera— ha convertido este enclave en una de las rutas senderistas más populares del entorno, especialmente durante los fines de semana.
El acceso más habitual parte del embalse del Pontón de la Oliva, al que se llega desde la Comunidad de Madrid por la M-102. Desde el aparcamiento inferior de la presa comienza una ruta de aproximadamente 30 minutos de ascenso.
El primer tramo del sendero es empinado y discurre sobre terreno arcilloso, por lo que se recomienda calzado adecuado y extremar la precaución, especialmente en días húmedos. La segunda parte es más suave y permite contemplar progresivamente las formaciones hasta alcanzar la parte superior del conjunto.
Siente la textura arcillosa del terreno que la erosión ha modelado durante siglos.
Desde arriba se obtiene la mejor panorámica: un conjunto de abarrancamientos que superan en algunos puntos los 50 metros de altura, con crestas afiladas y cárcavas que confluyen en un impresionante socavón central.
No existen barandillas ni protecciones en los bordes, por lo que es importante no acercarse en exceso debido a la fragilidad del terreno.
Paisajes similares pueden encontrarse en las Barrancas de Burujón (Toledo) o en las Bardenas Reales (Navarra), aunque las cárcavas guadalajareñas destacan por su proximidad a la capital y su singular entorno serrano.
Escucha el viento recorriendo las crestas y el eco que resuena en las hendiduras del terreno.
El terreno es especialmente sensible a la erosión, por lo que se recomienda no descender al interior de las cárcavas ni salirse de los senderos marcados para evitar desprendimientos y contribuir a su conservación.
La ausencia de sombra hace que en verano el calor sea intenso, por lo que se aconseja realizar la ruta a primera hora del día.
La visita puede combinarse con el embalse del Pontón de la Oliva, Patones de Arriba o con otras rutas del entorno de la Sierra Norte de Guadalajara.
Acceso: Desde el embalse del Pontón de la Oliva
Duración aproximada de la ruta: 1 hora (ida y vuelta)
Dificultad: Media (ascenso pronunciado)