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La georuta “Un viaje hacia el mar”, recorre el espectacular barranco de la Hoz del río Gallo hasta Cuevas Labradas, en pleno Geoparque Molina–Alto Tajo. Es un itinerario geológico que permite retroceder más de 200 millones de años para comprender cómo el mar fue inundando progresivamente el continente entre el Triásico y el Jurásico.
A lo largo de la ruta se observan conglomerados formados en antiguos ríos, areniscas depositadas en grandes llanuras fluviales y calizas originadas en playas y mares tropicales poco profundos. Cada parada es un capítulo de esa gran transgresión marina que dejó su huella en las rocas y en el paisaje actual.
Hace unos 230 millones de años, enormes sistemas fluviales recorrían esta región transportando cantos y arenas que hoy forman conglomerados y areniscas rojizas. Con el paso del tiempo, el nivel del mar comenzó a ascender lentamente, invadiendo el continente.
Primero se desarrollaron playas y zonas litorales donde se formaron dolomías y margas. Más tarde, un mar poco profundo cubrió completamente la zona, dando lugar a depósitos calcáreos ricos en vida marina. Restos de braquiópodos, belemnites y otros organismos quedaron preservados como fósiles.
La sucesión de capas visibles en el barranco de la Hoz constituye un registro excepcional de esta transición ambiental. Es, literalmente, una historia escrita en piedra.
Corduente, Guadalajara
Entre el Triásico y el Jurásico, el mar avanzó lentamente sobre el continente durante millones de años. Esta ruta permite seguir ese proceso paso a paso, observando cómo cada ambiente —río, playa o mar— dejó su firma en las rocas del barranco de la Hoz. Un recorrido que permite caminar desde antiguos ríos continentales hasta un mar jurásico tropical sin salir del Alto Tajo.
El recorrido atraviesa algunos de los parajes más impactantes del Geoparque, donde las paredes rojizas del barranco contrastan con las calizas claras de Cuevas Labradas.
A lo largo de las distintas paradas se interpretan:
Conglomerados generados por ríos de gran energía.
Areniscas rojas depositadas en amplias llanuras fluviales.
Huellas de raíces y galerías fosilizadas.
Antiguas playas y ambientes litorales.
Estratos de referencia nacional (estratotipos).
Fósiles marinos del Jurásico.
Pliegues tectónicos visibles a gran escala.
Es una ruta clave para entender cómo cambia el paisaje cuando cambian los ambientes geológicos.
Introducción al recorrido. Se explica cómo las rocas permiten reconstruir antiguos ambientes. Aquí se identifican conglomerados y areniscas depositadas por grandes ríos hace más de 200 millones de años.
Un monolito de areniscas y conglomerados modelado por la erosión diferencial. Las fracturas y líneas de debilidad permitieron que el agua, el hielo y las raíces aislaran bloques que terminaron formando esta figura esbelta, cuyo nombre recuerda a la pieza de los antiguos telares.
Las capas inclinadas y superpuestas revelan distintos episodios fluviales. Cambios en la dirección de la corriente y en la energía del río quedaron registrados en la disposición de los estratos.
Las areniscas rojas bajo tus pies se formaron en enormes cauces fluviales. La presencia de estratificación cruzada indica corrientes intensas que depositaban arena en grandes barras sedimentarias. La subida a los miradores de las paradas 5 y 6 no es recomendable para personas con vértigo.
Pequeños tubos y marcas blanquecinas en la roca corresponden a galerías de organismos y moldes de raíces fosilizadas. Estas evidencias muestran que, tras cada crecida, la llanura quedaba expuesta y colonizada por vegetación.
Cambio de paisaje y de color. Aparecen calizas y dolomías formadas en playas y zonas litorales hace unos 230 millones de años. Aquí se marca el paso de ambientes continentales a marinos.
La sucesión de estratos visible en este punto constituye un estratotipo de referencia nacional para la Formación “calizas y dolomías de Cuevas Labradas”. Es un auténtico patrón geológico.
Las capas calizas aparecen plegadas formando estructuras muy marcadas, resultado de fuerzas tectónicas posteriores. Es un ejemplo claro de cómo la historia geológica no termina con la sedimentación.
Hace unos 200 millones de años esta zona estaba cubierta por un mar tropical poco profundo. En las rocas se encuentran fósiles de organismos marinos como braquiópodos y belemnites, testigos de aquel ecosistema.
El rojo intenso de las areniscas triásicas contrasta con el tono claro de las calizas jurásicas. El barranco actúa como una vitrina geológica a cielo abierto.
El sonido del río Gallo y el eco entre las paredes rocosas recuerdan la fuerza de los antiguos sistemas fluviales que originaron estas rocas.
Los conglomerados muestran cantos redondeados cementados como si fueran un hormigón natural. Las areniscas revelan su grano fino y las calizas su dureza compacta.
Longitud: 15 km
En coche: 3–4 horas (puede realizarse completa salvo la subida a las paradas 5 y 6)