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Panorámica del yacimiento Cerro de las Cabezas

Parque Arqueológico Cerro de las Cabezas

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El Parque Arqueológico del Cerro de las Cabezas es un asentamiento fortificado —oppidum— de la Edad del Hierro, considerado uno de los enclaves ibéricos más relevantes de la meseta meridional

Vista aérea del yacimiento Cerro de las Cabezas

Servicios

  • Actividades

  • Aparcamiento

  • Atención al visitante

  • Paneles interpretativos

  • Talleres

  • Visitas guiadas

Valdepeñas, Ciudad Real

Más detalles

  • Talleres

  • Exposiciones

  • Centro de interpretación

  • Visita guiada

  • Visita libre

  • Visitas escolares

  • Museo Regional

  • Paleontología

Sobre este lugar

Una ciudad íbera casi intacta, protegida por el río Jabalón y por siglos de historia. El Cerro de las Cabezas permite recorrer, paso a paso, la evolución de una comunidad que dominó el territorio antes de la llegada de Roma.

El yacimiento ocupa una superficie aproximada de 14 hectáreas, rodeadas por una imponente muralla de 1.600 metros de longitud, reforzada con bastiones ciclópeos. Sus orígenes se remontan al Bronce Final, en torno al siglo VIII a. C., y alcanza su máximo desarrollo entre los siglos V y mediados del III a. C., momento en el que la ciudad se encuentra plenamente consolidada como oppidum ibérico.

Una ciudad inexpugnable

Desde lo alto del cerro se domina el valle del Jabalón, entendiendo al instante el valor defensivo del enclave.

El asentamiento fue abandonado a finales del siglo III o comienzos del II a. C., en el contexto de la II Guerra Púnica, sin que exista ocupación posterior. Esta circunstancia ha permitido conservar un urbanismo excepcional, con estructuras defensivas, zonas residenciales, áreas productivas y espacios de culto que convierten al Cerro de las Cabezas en un referente para el estudio del poblamiento ibérico en la meseta sur.

La primera ocupación estable del cerro se produce durante los siglos VIII y VII a. C. A partir de los siglos VI y V a. C., el contacto comercial con fenicios, griegos y cartagineses, a través de las rutas mediterráneas, impulsa el desarrollo de la cultura ibérica. Estas influencias se reflejan en la economía, el urbanismo, la organización social y las creencias religiosas de la ciudad.

El eco del pasado

El silencio del entorno amplifica la sensación de caminar por una ciudad detenida en el tiempo.

Detalles adicionales

Durante esta fase, el oppidum se expande hacia las zonas altas de la ladera y se dota de un potente recinto amurallado. Las viviendas evolucionan hacia plantas más rectangulares y sólidas, adosadas entre sí, con muros de mampostería de cuarcita trabada con barro, alzados de adobe y tapial, y revestimientos encalados que en ocasiones se decoran con pinturas rojas de tonalidad vinosa, características del mundo ibérico.

En los siglos V y IV a. C., momento de máximo esplendor, la ciudad presenta una organización espacial muy definida: acrópolis, barrios de viviendas y áreas artesanales articuladas mediante calles longitudinales y transversales que generan terrazas artificiales y manzanas urbanas. Muchas viviendas cuentan con dos o más estancias y patios abiertos, adaptándose al relieve y reutilizando estructuras anteriores.

La decadencia llega a finales del siglo III a. C. Con la conquista romana y la pacificación del territorio, deja de ser necesaria la ocupación de cerros defensivos. El Cerro de las Cabezas queda definitivamente abandonado, convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo de la cultura ibérica.

Arquitectura con carácter

La piedra, el adobe y los restos de muralla transmiten la solidez de una sociedad bien organizada.

El yacimiento cuenta con un Centro de Interpretación moderno y didáctico, donde se explica el entorno natural del oppidum, la arquitectura monumental, la casa del alfarero y los ritos funerarios ibéricos. Dispone además de sala para talleres y actividades, biblioteca y sala de conferencias, ampliando la experiencia cultural de la visita.

Información destacada

  • Oppidum ibérico de la Edad del Hierro (siglos VIII–III a. C.).
  • Muralla de 1.600 m con bastiones, torres y puertas.
  • Urbanismo proto-urbano con acrópolis, viviendas y zonas artesanales.
  • Abandono definitivo sin ocupación romana posterior.
  • Centro de Interpretación del yacimiento.