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En la Sierra de las Cuerdas, a pocos kilómetros del casco urbano de Villar del Humo, la prehistoria dejó su huella en forma de pinturas rupestres que aún hoy sorprenden por su fuerza narrativa. Este conjunto, declarado Patrimonio de la Humanidad, invita a descubrir cómo vivían, cazaban y se expresaban las comunidades prehistóricas del interior peninsular.
Villar del Humo, Cuenca
Horario: Sábados, domingos, y festivos horario concertado.
Se recomienda ropa y calzado cómodos para el recorrido.
Para visitar el Parque Cultural, es imprescindible tener tu reserva confirmada. Sólo accederán aquellos visitantes que tengan reserva previa (mínimo 24 horas de antelación). Para más información sobre precios y horarios contacte con nosotros.
Mínimo 4 personas
Entrada a las pinturas sin guía (abrigos de Selva Pascuala y La Rambla):
ADULTOS
12 € / persona
NIÑOS
de 5 a 12 años: 6 €
Entrada a las pinturas para grupos, incluye guía (abrigos de Selva Pascuala y La Rambla):
COLEGIOS E INSTITUTOS
7 € / alumno
GRUPOS ORGANIZADOS (a partir de 15 personas)
10 € / PERSONA
RUTAS SENDERISMO, MOUNTAINBIKE,... (a partir de 12 adultos)
10 € / adulto
5 € / niño (de 5 a 12 años)
Los itinerarios, así como los recorridos para las rutas de senderismo son adaptables según las características y necesidades de los senderistas.
- Incluido refugio para la realización de comidas y actvidades
- Incluido seguro de viaje y actividad.
- Opcional almuerzo o comida campera.
- Si el tamaño del grupo fuera inferior, consultar para posibilidad de adaptación
El yacimiento rupestre de Villar del Humo concentra 31 estaciones con pinturas prehistóricas repartidas en un espacio geográfico relativamente reducido, entre los ríos Mesto y Cabriel. Estas manifestaciones artísticas, con una cronología aproximada entre los 8.000 y los 3.500 años de antigüedad, forman parte del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, uno de los conjuntos más valiosos de Europa, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO..
Las pinturas se distribuyen en abrigos naturales y pequeñas cuevas, perfectamente integradas en el paisaje montañoso de la Sierra de las Cuerdas, a unos 12 kilómetros del núcleo urbano, accesibles mediante pista forestal.
Figuras humanas y animales parecen moverse todavía sobre la roca, creando escenas que sorprenden por su dinamismo y expresividad.
En este territorio conviven dos grandes estilos de arte rupestre prehistórico. El arte levantino, el más antiguo, destaca por su marcado naturalismo y por situar al ser humano en el centro de escenas dinámicas de caza, recolección, danza o enfrentamiento. Las figuras, estilizadas y de trazo fino, se acompañan de una rica fauna cinegética como ciervos, cabras montesas, jabalíes o caballos, pintados mayoritariamente en tonos rojos, con ocasionales blancos y negros.
Junto a él aparece el arte esquemático, propio de épocas más recientes, donde las formas se simplifican hasta lo esencial. Antropomorfos y zoomorfos se reducen a trazos básicos, acompañados de puntos, barras, zigzags y líneas onduladas, configurando un lenguaje simbólico de gran valor interpretativo.
El silencio de la sierra solo se rompe por el viento y las aves, un acompañamiento perfecto para imaginar el pasado.
Las estaciones rupestres de Villar del Humo se organizan en varios conjuntos que recorren barrancos, ramblas y valles de la sierra. En la Rambla del Anear se concentran diez yacimientos, entre ellos Selva Pascuala y la Cueva del Bullón. Otros diez se localizan en la Rambla de Peña del Escrito y los Brazales, mientras que el Villejo de Marmalo reúne seis estaciones y el Valle de la Vencherque completa el conjunto con cinco abrigos más.
En total se han documentado alrededor de 170 figuras, algunas de las cuales pertenecen al Mesolítico, con escenas naturalistas fechadas en torno al 8.000 a. C., y otras al Neolítico, con una iconografía más simbólica y esquemática, datada hacia el 6.000 a. C. Todas las estaciones están declaradas Bien de Interés Cultural y protegidas como Patrimonio Mundial desde 1998.
La textura rugosa de la roca recuerda que estas pinturas nacieron directamente del contacto entre el ser humano y la naturaleza.
El valor del yacimiento no reside solo en la calidad artística de las pinturas, sino también en su excepcional estado de conservación y en la estrecha relación entre arte y paisaje. Los abrigos se sitúan estratégicamente en lugares con amplias vistas, lo que refuerza la interpretación social y simbólica de estas manifestaciones, vinculadas al territorio, la subsistencia y las creencias de las comunidades prehistóricas.