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Vista aérea de fortaleza en colina rodeada de campos verdes y niebla baja

Castillo de Alarcos

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Caminar por Alarcos es hacerlo por un libro de historia escrito en piedra. Desde lo alto del cerro, el paisaje se abre como lo hacía hace siglos para vigilar el Guadiana y controlar un territorio decisivo.

Ruinas de recinto fortificado sobre una elevación envuelta en bruma

Ciudad Real, Ciudad Real

Sobre este lugar

El castillo de Alarcos se alza sobre un asentamiento con ocupación continuada desde la Prehistoria. Su momento de mayor relevancia llegó en época medieval, cuando se convirtió en una plaza fortificada fundamental del reino de Castilla frente al avance almohade.

 

En 1195 tuvo lugar aquí la batalla de Alarcos, una de las derrotas más importantes sufridas por Alfonso VIII frente al califa Yaqub al-Mansur. Tras este episodio, la fortaleza perdió protagonismo en favor de Calatrava la Vieja, aunque su valor estratégico y simbólico perduró.

Vista

El dominio visual sobre el valle del Guadiana explica por sí solo la elección del emplazamiento.

El castillo se encuentra en lo más alto, construido sobre una plataforma artificial. Su planta es rectangular y tiene nueve torres, siete cuadradas y dos pentagonales en proa. Fue ocupado por íberos, romanos y árabes.

 

El propio castillo y su sistema defensivo, el yacimiento ibérico y medieval, los restos urbanos excavados conectan dentro del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava la Vieja.

Oído

El viento y los sonidos del campo sustituyen al bullicio urbano, como hace siglos.

Detalles adicionales

El recinto conserva restos de muralla, torres y estructuras defensivas que permiten imaginar la magnitud del conjunto original. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz viviendas, silos y elementos urbanos que revelan la complejidad del asentamiento, más allá de su función estrictamente militar.

Tacto

La piedra irregular de las murallas conecta directamente con el pasado.

La visita se integra en un entorno paisajístico amplio, donde la historia y la naturaleza se combinan sin artificios. No hay decorado: aquí todo es auténtico, incluso el silencio.