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Nos remontamos a tiempos medievales de guerras y fronteras. Estamos ante una torre islámica del siglo XII que vigila el valle y el pueblo desde lo alto del cerro. Piedra, altura y silencio: una torre que lleva siglos mirando el valle del Cabriel.
Víllora, Cuenca
El acceso es libre y se realiza a pie desde el propio casco urbano de Víllora, ascendiendo por las calles del pueblo hasta el cerro donde se ubica la fortaleza.
Acceso libre.
Acceso gratuito.
Fortificaciones
Siglo XII
Edad Media
Visita libre
El castillo de Víllora fue construido en el siglo XII, durante el periodo andalusí, como fortaleza menor de vigilancia y control del territorio. Este tipo de construcciones, conocidas como torres albarranas o torres-castillo, eran habituales en zonas estratégicas y de paso.
Tras la conquista cristiana, la fortaleza sufrió modificaciones, incorporando elementos góticos visibles en la cornisa de la torre, probablemente del siglo XIV.
En el siglo XVI, el castillo pertenecía a Diego de Zúñiga, abad de Parraces. Durante la Primera Guerra Carlista, en 1840, fue incendiado por las tropas carlistas como represalia por la resistencia de Víllora, firme defensora de Isabel II.
La torre recortada sobre el cielo y el valle del Cabriel a los pies.
Del conjunto original se conservan:
La torre albarrana, de cuatro plantas
Restos del antiguo recinto amurallado
La puerta original, hoy muy deteriorada
La torre está construida en cal y canto, con piedra de sillería en las esquinas, lo que refuerza su estructura. En la cornisa se aprecian claramente añadidos góticos, testimonio de su reutilización en época cristiana.
El castillo se sitúa en lo alto del monte, mientras que el pueblo fue creciendo en la ladera, formando el característico entramado de calles, cuestas y callejuelas serranas.
La rugosidad del cal y canto medieval.
El castillo se encuentra en estado de ruina progresiva. Se conserva la torre principal y restos del recinto. El castillo es de propiedad privada y se encuentra abandonado, por lo que se recomienda extremar la precaución.
Aromas de monte y ribera cercana.
Un castillo perfecto para el verano: muy cerca se encuentra la playeta natural del río Cabriel, ideal para bañarse, hacer picnic y disfrutar del entorno fluvial. Historia por la mañana, chapuzón por la tarde… plan redondo.