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A orillas del Júcar, sobre un cerro estratégico, la Torre de los Alarconcillos vigila desde hace siglos uno de los paisajes más bellos de Alarcón, combinando arquitectura militar y naturaleza en estado puro.
Alarcón, Cuenca
La torre se sitúa en Alarcón (Cuenca), en un cerro junto al meandro norte del río Júcar, a las afueras del casco urbano.
Acceso libre. Visitable solo el exterior.
Acceso gratuito.
Fortificaciones
Visita libre
La Torre de los Alarconcillos formó parte del entramado defensivo de Alarcón, una plaza clave en la frontera medieval castellana. Su función principal fue la vigilancia y el control del territorio, especialmente del curso del río Júcar y de los caminos que se aproximaban a la villa.
La torre recortada sobre el paisaje del Júcar ofrece una de las panorámicas más fotogénicas de Alarcón.
Su origen está vinculado al refuerzo de las defensas de Alarcón tras su conquista cristiana y, especialmente, a las reformas impulsadas en el siglo XIV por el infante Don Juan Manuel. Desde entonces, la torre participó en distintos episodios históricos, desde los conflictos del Marquesado de Villena hasta las guerras carlistas del siglo XIX. Aunque hoy se conserva desmochada y sin estructuras interiores, su potente volumetría permite comprender perfectamente su función estratégica.
El sonido del río y del viento sustituyen al antiguo silencio militar del lugar.
La torre presenta una planta en quincunce: un cuerpo central cuadrado rodeado por cuatro torres semicirculares macizas y coronado por una torre superior circular, concebida como atalaya. Está construida en mampostería, con acceso mediante arco de medio punto en sillería, originalmente al que se llegaba por una escalera adosada al muro. En el entorno aún se aprecian restos del recinto amurallado que la rodeaba.
Aromas de ribera, monte bajo y piedra calentada por el sol.
Aunque no es visitable por dentro, el paseo hasta la torre es altamente recomendable por las vistas del meandro del Júcar y del entorno natural de Alarcón. Es parte del llamado sendero de la hoz de Alarcón, que recorre todo su entorno. También es un complemento perfecto a la visita del castillo y del casco histórico de la villa, ayudando a entender la complejidad de su sistema defensivo medieval.
Una de las torres defensivas más singulares de Castilla-La Mancha por su original planta y su privilegiada ubicación sobre el meandro del Júcar.