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Elegante, robusto y con porte de residencia noble, el castillo de Galve de Sorbe combina la función defensiva con el gusto señorial de finales de la Edad Media. Aquí la guerra y el confort hicieron las paces… más o menos.
Galve de Sorbe, Guadalajara
El castillo solo puede visitarse por fuera a cualquier hora.
El castillo fue construido a mediados del siglo XV por Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, y reformado posteriormente por su hijo, el cardenal Pedro González de Mendoza. A diferencia de otras fortalezas puramente militares, esta presenta un claro carácter residencial, visible en la regularidad de su planta y en la organización de sus estancias.
Se trata de un castillo de planta cuadrada, con cuatro torres circulares en las esquinas y una imponente torre del homenaje que domina el conjunto. Su fábrica de sillarejo y mampostería, reforzada por elementos defensivos, transmite solidez sin renunciar a cierta elegancia arquitectónica.
La silueta del castillo recortándose sobre el valle del Sorbe es una de las estampas más fotogénicas del norte de Guadalajara.
El castillo de Galve de Sorbe nunca fue escenario de grandes batallas, lo que explica su excelente estado de conservación. Más que una fortaleza de frontera, fue un símbolo de poder señorial y control territorial sobre el valle del Sorbe, una zona estratégica por sus recursos naturales y vías de comunicación.
En el interior se organizaban dependencias residenciales, patios y espacios de servicio, hoy no visitables de forma regular, pero perfectamente legibles desde el exterior. El conjunto conserva almenas, matacanes y saeteras, recordando que, aunque palaciego, seguía siendo un castillo… por si acaso.
Aire limpio de sierra y campo, con aromas de encinas y tierra húmeda tras la lluvia.
El castillo se encuentra a las afueras del casco urbano de Galve de Sorbe y se accede fácilmente a pie. No suele estar abierto al público de forma continuada, pero su visita exterior es más que suficiente para apreciar su valor patrimonial y fotográfico. El entorno natural refuerza su atractivo, especialmente al atardecer, cuando la luz resalta el volumen de las torres.
La piedra fría y rugosa de sus muros transmite siglos de historia… y alguna que otra noche gélida.
Galve de Sorbe forma parte del itinerario de la Ruta de los Castillos de Guadalajara y es un excelente complemento a la visita de fortalezas cercanas como Jadraque, Atienza o Sigüenza. El conjunto urbano del pueblo, pequeño y tranquilo, mantiene un marcado carácter rural que refuerza la sensación de viaje en el tiempo.
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