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A la Torresaviñán se accede desde la A-2 en dirección Madrid. Antes de llegar a Torremocha del Campo, sobre un cerro discreto pero estratégico, se alza la silueta inconfundible de su castillo. Esta fortaleza fronteriza del siglo XII, conocida popularmente como el Castillo de la Luna, recuerda el pasado medieval de una tierra marcada por la vigilancia y la defensa del territorio. Una torre medieval solitaria que domina la llanura y evoca la antigua frontera entre reinos cristianos y musulmanes.
Torremocha del Campo, Guadalajara
La Torresaviñán
Término municipal de Torremocha del Campo (Guadalajara)
Acceso
Desde la A-2, antes de llegar a Torremocha del Campo, visible sobre un cerro junto a la localidad
Acceso libre
Acceso gratuito
Visita libre
Siglo XII
Fortificaciones
El castillo fue levantado en el siglo XII por Don Manrique de Lara, señor de Molina, aprovechando una antigua torre musulmana preexistente. Su construcción respondía a la necesidad de proteger el extremo occidental del señorío frente a las incursiones procedentes de fortalezas cercanas como Algora y Torremocha del Campo. Formó parte de una línea defensiva junto a castillos como los de Tortonda y Torrecuadrada de los Valles, en un territorio que fue repoblado con colonos burgaleses durante ese mismo siglo.
Desde su torre del homenaje se contemplan amplias panorámicas entre las cuencas del Henares y el Tajuña, en un paisaje abierto y luminoso.
Poco después de su construcción fue donado a los obispos de Sigüenza, aunque durante un tiempo perteneció al infante Don Juan Manuel antes de regresar nuevamente a la mitra seguntina.
La fortaleza fue reforzada en el siglo XIV y reformada en el siglo XV. Sin embargo, en 1710, durante la Guerra de Sucesión, las tropas austracistas en retirada volaron parte de sus murallas y dañaron la torre principal, lo que explica su actual estado ruinoso.
Los sillares supervivientes conservan la huella del tiempo, las reformas medievales y los daños de la guerra.
Originalmente era de planta cuadrada y contaba con torres en sus cuatro vértices. Hoy solo se conserva en pie la torre del homenaje, situada en el ángulo oeste, con unos quince metros de altura. Desde ella se domina una amplia llanura entre las cuencas de los ríos Henares y Tajuña. El recinto, de dimensiones reducidas —apenas un centenar de metros interiores—, estaba protegido por dobles fosos.
El entorno añade valor a la visita. La Torresaviñán forma parte del término de Torremocha del Campo, dentro del ámbito del Parque Natural del Barranco del Río Dulce y cerca del embalse de La Tajera. Además, la zona cuenta con importantes yacimientos arqueológicos de la II Edad del Hierro, como las necrópolis celtibéricas de Renales y La Cabezada, cuyos hallazgos se conservan en el Museo Arqueológico Nacional.
El viento sobre el cerro sustituye hoy a las voces de centinelas y al eco de antiguas escaramuzas fronterizas.