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Un castillo en lo alto de una peña, con vistas de 360º y leyenda incluida: plan perfecto para una escapada corta con aire de aventura.
Navahermosa, Toledo
El castillo se encuentra a poco más de 2 km del casco urbano de Navahermosa, entre dos peñas separadas por el arroyo Marlín.
En coche: se puede llegar casi hasta el castillo por una pista de tierra en buen estado.
A pie: tramo final con paseo corto (según dónde aparques) y ligera subida.
Nota de seguridad: el interior es una ruina sin acondicionamiento turístico completo; evita trepar muros o acercarte a bordes inestables, especialmente con viento o lluvia.
Acceso libre.
Acceso gratuito.
Visita libre
Siglo XII
Fortificaciones
El castillo de Dos Hermanas se alza sobre una de las dos peñas que dan nombre al paraje, con el arroyo Marlín discurriendo entre ambas. Su presencia es rotunda: muros gruesos y una factura sólida que, incluso en ruinas, impone respeto.
Sube a última hora de la tarde: el contraste de la roca con el olivar y la vista 360 del entorno es espectacular.
Este lugar se disfruta con calma: una pista de tierra en buen estado, un paseo breve y, de pronto, la silueta del castillo recortándose sobre la roca. Arriba, el paisaje manda: el pueblo a poniente, la sierra al sur y, alrededor, olivares hasta el horizonte.
Cuenta la leyenda que entre sus muros vivieron encerradas dos princesas moras quese aparecen al viajero en mitad de la noche tomando forma de animal, y que en la noche de San Juan, bajan las hermanas a lavar sus ropas al arroyo Marlín, cuyas aguas separan las dos peñas..
Apaga el “ruido mental” y escucha el viento y el agua del arroyo: es parte del misterio del lugar
Se vincula su construcción al siglo XII y a la red de fortalezas y torreones asociados a la encomienda templaria de Montalbán, en una época en la que estas alturas funcionaban como vigilancia y protección del territorio. Las investigaciones apuntan la posibilidad de un asentamiento anterior (castro prerromano) bajo el enclave. Terminada la Reconquista, se licenció a la guarnición que habitaba el castillo, y la población de Dos Hermanas se dispersó por la zona, dando lugar a algunas de las poblaciones actuales del entorno.
Piedra, tierra y aire fresco: trae calzado con suela adherente y una capa extra si cae el sol.
Planta irregular: el castillo se adapta al risco donde se asienta.
Acceso único: entrada por una puerta de arco apuntado que conduce a una pequeña plaza de armas, protegida por un antemuro.
Restos visibles: conserva varias fachadas y se aprecian huecos donde encajaban maderas del adarve.
Huella del antiguo poblado: alrededor del risco pueden distinguirse restos y cimientos de la aldea que creció al amparo de la fortaleza, antes de desplazarse a las tierras bajas.
Mirador natural con panorámica amplia de los Montes de Toledo y el “mar de olivos”.
Ruinas con lectura arquitectónica clara (puerta, antemuro, plaza de armas, adarve).
Escapada corta ideal para combinar con naturaleza y fotografía.