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Un carnaval ancestral, oscuro y sobrecogedor declarado Bien de Interés Turístico Regional. Cada sábado de Carnaval, Luzón despierta a sus demonios. Los diablos emergen entre el estruendo de cencerros y el sonido de la dulzaina, mientras las mascaritas deambulan en silencio, guardianas de un ritual que hunde sus raíces en los orígenes mismos del tiempo.
Luzón, Guadalajara
La tarde del sábado de Carnaval, los Diablos de Luzón recorren calles y plazas portando enormes cuernos de buey sobre la cabeza y grandes cencerros atados a la cintura, cuyo sonido constante anuncia su llegada. Vestidos completamente de negro, se cubren el rostro y los brazos con una mezcla de aceite y hollín, y colocan en su boca una dentadura tallada en patata que les confiere un aspecto feroz e irreal.
Al ritmo de la dulzaina, persiguen a vecinos y visitantes para marcarles con el hollín, en un gesto cargado de simbolismo protector y transgresor. Solo las Mascaritas, figuras silenciosas ataviadas con indumentaria tradicional femenina y el rostro oculto bajo un paño blanco, están a salvo de su acción.
Figuras negras en movimiento, cuernos, fuego y máscaras.
El origen de esta mascarada no está del todo claro. Algunos estudios la vinculan con antiguas tradiciones celtas; otros la sitúan en la Edad Media. Los primeros documentos escritos datan del siglo XIV, aunque la propia naturaleza del ritual remite a tiempos mucho más remotos, ligados a cultos telúricos y al ciclo de la naturaleza.
No es casual que esta tradición sobreviva en una tierra cargada de vestigios ancestrales como la cueva de los Casares, la Piedra Escrita de Canales de Molina o el dolmen de corredor de Aguilar de Anguita. Desde antiguo, el imaginario simbólico del demonio parece habitar estas piedras.
Durante siglos, los diablos tomaban el pueblo varios días de Carnaval e incluso el primer domingo de Cuaresma. La fiesta logró sobrevivir a épocas de prohibición, incluida la dictadura franquista, aunque fue decayendo a partir de los años setenta.
Estruendo de cencerros y dulzainas.
En la década de los noventa, los jóvenes de Luzón recuperaron esta manifestación cultural, devolviéndole su fuerza original. Desde entonces, la fiesta ha ido creciendo hasta ser considerada el carnaval más intenso de la Alcarria y obtener la declaración de Bien de Interés Turístico Regional.
Hoy participan hombres, mujeres y niños, garantizando la continuidad del ritual. La preparación de los diablos sigue siendo todo un ceremonial: protección de la piel, embadurnado de hollín y aceite, colocación de la dentadura vegetal, los cuernos y los enormes cencerros (conocidos localmente como trabucos o cañones) que convierten el desfile en una experiencia sonora atronadora.
Desde primera hora del día, los dulzaineros ambientan el pueblo. A las cinco de la tarde, el estruendo de los cencerros anuncia la llegada de los diablos, que recorren la plaza, la iglesia y el monumento dedicado a esta tradición.
Al caer la noche, en la plaza se enciende una gran hoguera donde se celebra el baile y se reparten viandas. Poco a poco, los cencerros callan y los diablos regresan simbólicamente al vientre de la Madre Tierra, hasta el próximo Carnaval.
Municipio: Luzón
Fecha: Sábado de Carnaval
Periodicidad: Anual
Declaración: Bien de Interés Turístico Regional