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Cada mes de enero, Villarta de San Juan se transforma en un escenario de devoción, pólvora y tradición con la celebración de las Fiestas de las Paces. Durante cuatro intensos días, la localidad rinde homenaje a su patrona, la Virgen de la Paz, en una manifestación única donde la fe, el fuego y la identidad colectiva se funden en un espectáculo inolvidable.
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Villarta de San Juan, Ciudad Real
La celebración recorre las calles del pueblo.
Consultar el programa anual.
Interés turístico Regional
Fiestas
Enero
Una de las fiestas más espectaculares y ruidosas de Castilla-La Mancha, donde miles de cohetes se lanzan como promesa y agradecimiento a la Virgen de la Paz.
Las Fiestas de las Paces se celebran anualmente del 23 al 26 de enero y tienen su origen documentado en la Edad Media, con referencias en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1578). A diferencia de otras festividades marianas, no nacen de una aparición milagrosa, sino como acto de agradecimiento colectivo por la paz obtenida tras periodos de dificultad.
El cielo de enero se llena de lunares blancos mientras miles de cohetes dibujan fugaces estelas sobre la silueta invernal del pueblo.
El eje central de la celebración es la Virgen de la Paz, imagen para vestir, sin Niño, que porta un ramo de flores, un pequeño estandarte y un báculo. La devoción se expresa a través de novenas previas, solemnes celebraciones litúrgicas, procesiones multitudinarias y una intensa tradición pirotécnica que distingue esta fiesta de cualquier otra en la región.
El 23 de enero se celebra la víspera con la quema de una monumental hoguera en la plaza de la ermita, símbolo de unión y promesa cumplida. El día 24, jornada principal, la procesión recorre las calles entre miles de cohetes lanzados por peñas coheteras y promeseros particulares. El momento culminante llega con la Operación 2000, en la que se disparan 2.000 docenas de cohetes en apenas unos minutos, creando una imagen inolvidable sobre el cielo invernal manchego.
El estruendo constante de los cohetes acompaña la procesión y convierte cada explosión en una proclamación sonora de fe y agradecimiento.
La preparación comienza el 14 de enero con las novenas en honor a la Virgen, que marcan el ritmo espiritual de la localidad. Paralelamente, los hogares se preparan para recibir familiares y visitantes, elaborando dulces tradicionales y platos típicos como el cocido de las Paces o la pepitoria.
La hoguera del día 23 tiene un profundo simbolismo comunitario: antiguamente servía para proporcionar calor durante la vigilia, pero hoy representa la unión del pueblo y el cumplimiento de promesas. Cada gavilla aportada simboliza devoción y compromiso personal.
La pólvora es el elemento más característico. Cada cohete lanzado es una ofrenda, una acción de gracias o una petición. Las peñas coheteras, perfectamente organizadas y equipadas para la seguridad, llenan el cielo de humo blanco y el suelo de carrizos tras cada explosión.
La fiesta combina solemnidad religiosa y celebración popular, integrando tradición, identidad y cohesión social. Todos comparten un mismo sentimiento de pertenencia que se transmite de generación en generación.
Platos como el cocido de las Paces y la pepitoria llenan las mesas familiares, evocando recetas heredadas y memorias compartidas.
La Operación 2000, incorporada en 1977, se ha convertido en uno de los actos más emblemáticos. Desde el mirador de la antigua iglesia, se dispara una batería masiva de cohetes que transforma el paisaje sonoro y visual del municipio.
La puja de los brazos de la Virgen es otro ritual singular, mediante el cual se recaudan fondos para la celebración, reforzando el carácter participativo y comunitario de la fiesta.