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En Guadalajara existe una capilla que no se explica solo con arquitectura. Hay que leerla, mirarla… y pensarla. Un edificio pequeño en tamaño, pero inmenso en pensamiento, simbolismo y arte.
Guadalajara, Guadalajara
Cuesta de San Miguel, s/n, Guadalajara.
Viernes y sábados, de 10,30 a 14h.; de 16,30 a 18,30h. (invierno) y de 17 a 19h. (verano). Domingos y festivos, de 10,30 a 14h.
Entrada: 1€ (monumento incluido en la Guadalajara Card).
Siglo XVI
Mudéjar
Visita libre
Arquitectura religiosa
Religioso
La capilla fue mandada construir hacia 1540 por Luis de Lucena, humanista nacido en la Alcarria, clérigo y médico de los Papas, profundamente influido por el pensamiento erasmista. Concebida como capilla funeraria privada, estuvo originalmente vinculada a la iglesia de San Miguel, de la que se separó y a cuyo derribo sobrevivió en 1877, quedando como edificio exento.
Su función no era únicamente devocional, sino también intelectual y simbólica, reflejo de la mentalidad humanista de su promotor.
La arquitectura de la capilla se inspira claramente en la tradición mudéjar de Guadalajara, utilizando el ladrillo como elemento estructural y decorativo, y dialogando con la antigua iglesia románica a la que pertenecía. Esta elección no es casual: responde a una voluntad de integrar tradición local, lenguaje clásico y simbolismo cristiano renovado.
Un edificio austero por fuera y deslumbrante por dentro.
El edificio presenta planta rectangular, cubierta a una sola agua con teja curva, y torreones esquineros almenados, rematados en punta, que le confieren un acusado aspecto de fortaleza. Una amplia cornisa volada recorre la parte superior del edificio.
Otros elementos característicos del exterior son:
Huecos realizados por aproximación de hiladas
Óculos ovales de pequeño tamaño
Modillones estriados
Práctica ausencia de vanos, reforzando su imagen cerrada y defensiva
El interior es sobrio y funcional, organizado en una planta rectangular dividida en cuatro tramos, cubiertos por bóvedas de cañón. La sencillez espacial contrasta con la extraordinaria riqueza del programa pictórico, auténtico corazón del edificio.
El silencio propicio para la contemplación y la lectura simbólica.
Las bóvedas están decoradas con pinturas al fresco de finales del siglo XVI, realizadas por el pintor italiano Rómulo Cincinato, uno de los grandes introductores del manierismo en España. El conjunto constituye uno de los programas iconográficos erasmistas más importantes del país.
Las escenas se conciben como cuadros independientes, enmarcados por arquitecturas fingidas, y desarrollan episodios bíblicos vinculados a:
Moisés y la Tierra Prometida
Salomón como rey, juez y sabio, incluido el episodio de la reina de Saba
En el centro de la bóveda del presbiterio aparece el anagrama de Cristo, eje simbólico del conjunto.
El programa se completa con:
Doce Sibilas
Cuatro Profetas
Las Virtudes teologales y cardinales
Decoración de grutescos en los espacios intermedios
Todo el conjunto propone una lectura teológica e intelectual donde se funden Biblia, sabiduría clásica y pensamiento humanista cristiano.
La rugosidad del ladrillo mudéjar frente a la suavidad visual del fresco.
Al fondo de la capilla se abre un espacio similar a los torreones exteriores, desde donde parte una escalera de caracol que conduce al piso superior, reforzando el carácter simbólico y casi iniciático del recorrido interior.
En la actualidad, tras su restauración, la capilla es propiedad del Ministerio de Cultura y alberga una exposición permanente con restos de yeserías y sepulcros procedentes de iglesias desaparecidas de Guadalajara, reforzando su papel como espacio de conservación patrimonial.
Construcción hacia 1540
Promotor: Luis de Lucena, humanista y médico pontificio
Pinturas de Rómulo Cincinato
Programa iconográfico erasmista único