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En un extremo del pequeño núcleo de Villacadima, pedanía de Cantalojas, se alza, aislada y solemne, la Iglesia de San Pedro Apóstol, un templo que combina la sobriedad del románico con las transformaciones arquitectónicas del Renacimiento. Descata su portada románica de rica ornamentación vegetal en el corazón de la sierra.
Cantalojas, Guadalajara
C. tras Iglesia, 12, 19274 Villacadima, Guadalajara
Acceso libre
Acceso gratuito
Visita libre
Edad Media
Siglo XII
Arquitectura religiosa
La iglesia fue construida entre los siglos XII y XIII en estilo románico. Su estructura original consistía en una nave única de planta rectangular con ábside semicircular y orientación litúrgica tradicional. De esta fase primitiva se conserva principalmente la portada meridional y posiblemente parte del muro occidental.
La sobria sillería caliza contrasta con la riqueza decorativa de la portada, donde los relieves vegetales y los zigzags románicos capturan la mirada.
A finales del siglo XV o comienzos del XVI el templo fue profundamente reformado. Se amplió a tres naves separadas por grandes arcos apuntados y se sustituyó la cabecera románica por capillas de testero plano. La torre-campanario, adosada a los pies y al lado norte, corresponde probablemente al siglo XVI, aunque tradicionalmente se ha fechado en el XVII.
El exterior está construido mayoritariamente en sillería caliza bien aparejada, salvo el muro occidental, ejecutado en mampostería. En la parte superior de este muro aún se adivinan los restos de una antigua espadaña anterior a la torre.
El silencio del interior resuena suavemente bajo las cubiertas de madera y las bóvedas góticas, amplificando cada paso.
La portada sur constituye el elemento más destacado. Presenta un arco de ingreso lobulado con medallones avenerados que albergan florones. Le siguen arquivoltas decoradas con zigzags contrapuestos, nacelas, baquetones y un guardapolvo con tallos ondulantes de hojas picudas. Los capiteles de las seis columnas muestran motivos vegetales muy geometrizados. Parte de la portada fue rehecha tras su traslado durante la reforma del templo.
En el interior, las tres naves están cubiertas con estructuras de madera. Se conservan restos de un artesonado con tirantes, cuadrales y ménsulas, además de vestigios de policromía. Una inscripción fechada en 1649 menciona a Francisco de Blas, posiblemente relacionado con reparaciones posteriores.
La superficie erosionada de los capiteles y sillares transmite la huella de siglos de viento y manos devotas.
La capilla mayor se cubre con bóveda tardogótica de terceletes, al igual que la del lado del evangelio. La capilla de la epístola presenta bóveda de crucería sencilla. En la nave central se conservan dos losas funerarias, una con escudo cuartelado y otra con inscripción fechada en 1710.
Del mobiliario original destacan el Crucificado del siglo XVII en madera policromada y la pila bautismal del siglo XVI decorada con gallones. En el Museo Diocesano de Sigüenza se conservan otras piezas procedentes del templo, entre ellas un calvario gótico.