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En el extremo occidental de Uceda, sobre la Meseta de la Enebrada y junto a las ruinas del castillo medieval, se alza la iglesia de Santa María de la Varga, uno de los ejemplos más notables del tardorrománico en la provincia de Guadalajara. Uno de los templos románicos más monumentales de Guadalajara, declarado Bien de Interés Cultural en 1999 y situado junto a las ruinas del castillo de Uceda.
Uceda, Guadalajara
Calle San Juan, 23; 19187 Uceda (Guadalajara)
Acceso exterior libre.
Acceso exterior gratuito.
Visita libre
Edad Media
Siglo XIII
Arquitectura religiosa
La iglesia de Santa María de la Varga fue edificada en el primer cuarto del siglo XIII, sobre los restos de una antigua mezquita, por iniciativa del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada. Uceda fue cabeza de Comunidad de Villa y Tierra durante el proceso repoblador de los siglos XI al XIII, lo que explica la ambición arquitectónica del templo.
El edificio pertenece al último románico provincial, aunque incorpora rasgos propios del gótico temprano y cierta influencia cisterciense, visible en la sobriedad decorativa, el apuntamiento de los arcos y la casi total ausencia de escultura figurada. En la actualidad, el recinto alberga el cementerio de la población, tras haber sufrido un progresivo abandono que derivó en ruina parcial.
La cabecera triple y la sobriedad de sus muros transmiten una sensación de armonía y fortaleza.
Arquitectónicamente, presenta una planta casi cuadrada, con tres naves cubiertas originalmente con bóveda de crucería y una cabecera compuesta por tres ábsides escalonados: uno central de mayor tamaño y dos absidiolos laterales semicirculares. Los presbiterios se cubren con bóveda de medio cañón ligeramente apuntada en el tramo recto y bóveda de cuarto de esfera en el hemiciclo.
Exteriormente destaca la solidez de su sillería caliza, perfectamente escuadrada, y la pureza de líneas. El gran ábside central se articula mediante columnas entregas con capiteles vegetales que dividen el tambor en paños verticales abiertos por ventanales de diferente diseño. Una imposta recorre horizontalmente la cabecera y una serie de canecillos, muchos muy erosionados, sostienen la cornisa.
La desnudez ornamental refuerza la impresión de recogimiento y solemnidad.
La portada meridional es uno de los elementos más monumentales del conjunto. Se abre en un cuerpo saliente y está compuesta por siete arquivoltas muy apuntadas y molduradas con alternancia de boceles y superficies planas, apoyadas sobre seis parejas de columnas cuyos fustes se componen de varios tambores. La portada occidental, más sencilla, presenta tres arquivoltas apuntadas.
En el interior se conservan los tres arcos triunfales apuntados y doblados que comunican las naves con la cabecera. Los pilares cruciformes cuentan con columnas adosadas cuyos capiteles muestran decoración vegetal sencilla, con hojas rematadas en pomas, y algún ejemplo figurado con busto humano flanqueado por leones.
Los sillares bien tallados reflejan la calidad constructiva de un templo concebido para perdurar.
A lo largo del tiempo el edificio sufrió reformas y añadidos, así como un importante proceso de deterioro. En las últimas décadas se llevaron a cabo trabajos de restauración que consolidaron muros, limpiaron las bóvedas de vegetación acumulada y restituyeron elementos estructurales, mejorando su aspecto exterior.
Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1999, reconocimiento que subraya su relevancia dentro del patrimonio románico de Castilla-La Mancha.