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El Pozo de Nieve de Cogolludo es un destacado ejemplo de arquitectura tradicional vinculada al frío, que permite descubrir cómo se almacenaba y utilizaba la nieve antes de la refrigeración moderna, reconocido desde 2026 como Bien de Interés Cultural.
Cogolludo, Guadalajara
Acceso exterior libre.
Visita libre
Edad Media
Siglo XII
Arquitectura industrial
El Pozo de Nieve de Cogolludo es una subestructura excavada en roca caliza, revestida con mampostería tradicional, utilizada históricamente para el almacenamiento de nieve y producción de hielo. Situado a las afueras del núcleo urbano, cerca del castillo y en la zona de la Cuesta de los Moros, forma parte del Inventario de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha.
Este tipo de construcciones tuvo su auge entre los siglos XVI y XVII, cuando el hielo se convirtió en un recurso esencial tanto para la conservación de alimentos como para usos medicinales y lúdicos. En el caso de Cogolludo, su uso está documentado al menos desde el siglo XVIII, aunque su origen podría remontarse al periodo renacentista.
Una construcción sobria y perfectamente integrada en la ladera, que sorprende por su monumentalidad subterránea.
El funcionamiento del nevero consistía en la recolección de nieve en invierno, su compactación en capas separadas por paja y su conservación gracias a las condiciones isotérmicas del interior. Durante los meses cálidos, el hielo era extraído en bloques para su consumo y comercialización.
Tras su abandono a finales del siglo XIX y principios del XX, debido a la aparición de la industria frigorífica, el pozo cayó en desuso hasta su reciente puesta en valor mediante intervenciones arqueológicas (2019-2020), que han permitido recuperar y documentar este importante elemento patrimonial.
Desde abril de 2026, cuenta con la protección de Bien de Interés Cultural (BIC) tras el inicio de su expediente de declaración como Monumento por el Gobierno regional. Con esta incorporación, Cogolludo suma un total de 7 Bienes de Interés Cultural, consolidándose como un referente patrimonial en la Sierra Norte de Guadalajara.
La rugosidad de la caliza y el frescor interior evocan su antigua función refrigerante.
El Catastro de la Ensenada (1752) menciona expresamente esta nevera, lo que confirma su uso al menos hasta el siglo XVIII. Se cree que fue abandonada tras la marcha de los duques de Medinaceli, a finales de ese siglo, quedando oculta y olvidada durante más de cien años.
Por su tipología constructiva y su relación directa con el castillo, se considera una obra medieval, probablemente levantada en la Alta Edad Media, y muy posiblemente contemporánea a la fortaleza, que ya estaba documentada en 1176, cuando Alfonso VIII donó Cogolludo a la Orden de Calatrava.
El silencio de la umbría refuerza la sensación de aislamiento y conservación del frío.