Cargando...
Dale un nombre a tu nueva lista de favoritos que te ayude a identificarla fácilmente.
Por ejemplo: "Planes de fin de semana en Castilla-La Mancha", "Paisajes naturales", "Rutas gastronómicas"... o cualquier nombre que se ajuste a tus planes.
El Seminario de San Bartolomé es uno de los edificios más monumentales de Sigüenza. Nacido como convento jerónimo, convertido en colegio mayor universitario y después en seminario conciliar, su imponente arquitectura barroca refleja siglos de historia académica y religiosa.
Sigüenza, Guadalajara
Visita libre
Barroco
Siglo XVII
Arquitectura religiosa
El seminario de San Bartolomé es el gran conjunto barroco académico de Sigüenza, ligado a la antigua Universidad y a la historia eclesiástica de la diócesis.
El edificio fue fundado el 2 de enero de 1651 por D. Bartolomé Santos de Risoba, obispo de Sigüenza entre 1650 y 1657. En su origen fue Convento de los Jerónimos, pasando después a desempeñar funciones académicas tras la creación de la Universidad de Sigüenza.
La portada monumental, los escudos episcopales y el amplio balcón central componen una imagen solemne y representativa del poder académico y eclesiástico.
La configuración arquitectónica que hoy se conserva se debe en gran parte al obispo D. Francisco Díaz Santos Bullón (1750-1761), responsable del enlosado del patio principal y de la actual fachada barroca a mediados del siglo XVIII.
La fachada presenta una portada barroca situada bajo un balcón alargado, flanqueado por los escudos del Colegio-Universidad y de Santos de Risoba. En la parte superior se dispone el escudo del obispo Benavides (1858-1876), reforzando el carácter institucional del conjunto.
El silencio de los patios recuerda el paso de estudiantes, religiosos y seminaristas a lo largo de los siglos.
El edificio supera los 10.000 metros cuadrados y se articula en torno a varios patios de corte neoclásico. El principal es cuadrado, con arquería de medio punto en la planta baja y doble nivel superior con balcones encuadrados por molduras barrocas.
En el extremo de poniente se construyó la iglesia bajo el mecenazgo del obispo Francisco Álvarez de Quiñones (1698-1710).
En el exterior destaca una estatua en mármol de la Inmaculada Concepción, costeada por el obispo Pablo Gúrpide Beope (1951-1955), que preside el acceso al recinto.
El patio principal conserva el enlosado del siglo XVIII, firme y sobrio bajo las arcadas.
El edificio fue destruido durante la Guerra Civil y restaurado en 1951 bajo el episcopado de D. Luis Alonso Muñoyerro. En 1998 se modernizaron sus instalaciones, obra inaugurada por el nuncio apostólico Mons. Lajos Kada.
En 2007 se proyectó su transformación en Instituto Nacional Gastronómico, con un ambicioso plan que incluía alojamiento, aulas-cocina, auditorio, biblioteca, museo y restaurante. Sin embargo, el incremento presupuestario provocó la paralización definitiva del proyecto en 2010.