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En el corazón histórico de La Puebla de Montalbán se alza este sobrio y elegante convento franciscano, un espacio de recogimiento donde la arquitectura renacentista dialoga con siglos de vida monacal.
La Puebla de Montalbán, Toledo
C. las Monjas, 4, 45516 La Puebla de Montalbán, Toledo
Servicios religiosos
Visita libre
Renacimiento
Siglo XVI
Arquitectura religiosa
El Convento de las Concepcionistas Franciscanas de La Puebla de Montalbán fue fundado a mediados del siglo XVI por el cardenal don Pedro Pacheco y Guevara. Su construcción se atribuye, probablemente, al arquitecto Laurencio de Ilachoa, dentro del contexto artístico del Renacimiento tardío en Castilla.
El conjunto conventual está formado por la iglesia, el claustro con sus dependencias monacales y la zona de huerta, configurando un espacio cerrado y autosuficiente destinado a la vida contemplativa.
La armonía del claustro y la sobriedad de la iglesia transmiten equilibrio y serenidad.
La iglesia presenta una planta de cruz latina, con cabecera semicircular al interior y testero plano al exterior. La nave se cubre mediante distintas soluciones abovedadas: bóveda de cañón en los primeros tramos, bóveda de arista con lunetos en el resto y decoración de casetones tanto en el tramo final como en el crucero.
El crucero se cubre con una cúpula de media naranja sobre pechinas, rematada con linterna, mientras que el presbiterio se cubre con una bóveda de horno acasetonada, aportando monumentalidad y equilibrio al espacio litúrgico.
La piedra tallada y la madera de las techumbres reflejan la solidez y el paso del tiempo.
A ambos lados de la nave se abren pequeñas capillas entre los contrafuertes, mediante grandes arcos de medio punto. Una de ellas, situada en el lado norte, sirve de acceso al templo. Estas capillas se cubren con bóvedas de medio cañón decoradas con casetones y presentan paramentos articulados mediante pilastras de orden compuesto.
La decoración interior responde a una clara tendencia clásica, con un lenguaje arquitectónico ordenado y repetitivo. Sobre un zócalo corrido se alzan pilastras compuestas de fuste estriado, rematadas por una cornisa doble moldurada. En un segundo nivel aparecen elementos decorativos como atlantes y cariátides.
El silencio del convento invita al recogimiento y a la contemplación pausada.
A los pies del templo se sitúa el coro, separado del espacio de la iglesia por un muro, comunicándose visualmente a través de ventanas enrejadas y un pequeño camarín, solución habitual en los conventos de clausura.
En el exterior destaca el predominio del macizo sobre el vano, reforzado por robustos contrafuertes. El edificio está construido íntegramente en sillería, utilizando piedra caliza para los muros y granito en las esquinas. La fachada principal se organiza en dos cuerpos, con una portada renacentista arquitrabada, de piedra, sobria y proporcionada.
El claustro, de planta cuadrangular y dos alturas, actúa como eje distribuidor del convento. En torno a él se disponen el refectorio, las celdas y la capilla, destacando las techumbres de madera y los frisos decorativos con motivos epigráficos y vegetales.