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Entre pinares, cortados imposibles y aldeas colgadas del paisaje, el Cerro de Rala se alza como uno de los grandes miradores naturales del término de Yeste, un enclave donde la geología extrema y la biodiversidad se dan la mano.
Yeste, Albacete
La microrreserva puede visitarse en cualquier horario y momento del año.
Espacio Natural Protegido
El Cerro de Rala se sitúa al sur de la aldea serrana del mismo nombre, flanqueado por el curso bajo del río Tus —muy próximo al embalse de la Fuensanta— y por la cuenca del arroyo de la Celada. Su estructura responde a un relieve amesetado de grandes dimensiones, muy característico de la sierra del Segura, conocido como molejón, formado por materiales del Cretácico.
La base del cerro es dolomítica, mientras que las partes altas están constituidas por potentes calizas que generan cantiles, escarpes y paredones de gran verticalidad, con formas erosionadas tan singulares como el conocido Poyo de la Ventana, uno de los hitos geomorfológicos más reconocibles del entorno.
Los cortados calizos y la meseta superior ofrecen panorámicas abiertas sobre el embalse de la Fuensanta y las aldeas de Rala, Jartos y Los Pajareles.
La meseta superior alcanza los 1.065 metros de altitud, elevándose de forma abrupta sobre la ribera del río Tus, situada en torno a los 600 metros. Esta diferencia de cotas convierte al Cerro de Rala en un auténtico balcón natural entre cuencas fluviales, delimitando visualmente el paisaje entre el valle del Tus y el arroyo de la Celada, justo antes de su encuentro en el pantano de la Fuensanta.
El acceso se realiza por caminos públicos que parten de las carreteras A-9, que asciende desde el valle del Tus, y A-12, que conecta Yeste con el collado de Boche. Dado que la microrreserva se asienta íntegramente sobre fincas privadas, es imprescindible respetar la señalización existente y transitar exclusivamente por los caminos autorizados.
Solo el viento, el eco lejano de las aves y el murmullo del río Tus rompen la quietud mineral del paisaje.
La vegetación del Cerro de Rala está dominada por amplias masas de pino carrasco, acompañadas de un sotobosque mediterráneo bien desarrollado, con coscoja, enebro, romero y aliagas. No obstante, el mayor valor botánico del enclave se encuentra en las comunidades rupícolas calcícolas que colonizan las fisuras y repisas de los paredones rocosos.
Estas comunidades, consideradas hábitat de protección especial por la Ley 9/1999 de Conservación de la Naturaleza de Castilla-La Mancha y reconocidas como hábitat natural de interés comunitario, albergan un notable número de especies endémicas adaptadas a condiciones extremas de insolación y escasez de suelo.
Rocas dolomíticas y calizas erosionadas dibujan un relieve duro y caprichoso bajo los dedos.
Entre las especies más destacadas figura Sarcocapnos baetica, una papaverácea endémica de las sierras Béticas catalogada como vulnerable, que encuentra aquí uno de sus enclaves más representativos, creciendo en grietas de roquedos calizos y dolomíticos. Junto a ella aparecen otros taxones de gran interés como Gypsophila montserratii, también catalogada como vulnerable, Anthyllis ramburii y Moehringia intrincata subsp. gienensis, considerada de interés especial.
Desde el punto de vista faunístico, el Cerro de Rala forma parte del territorio de campeo de rapaces amenazadas como el águila azor-perdicera, que mantiene plataformas de nidificación en el valle del Tus. La avifauna rupícola es especialmente rica, con presencia de roquero rojo, roquero solitario y chova piquirroja, todas ellas incluidas en el Catálogo Regional de Especies de Interés Especial.