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Espacio Red Natura 2000 que integra el Parque Natural de la Serranía de Cuenca y numerosos monumentos naturales. Alberga algunas de las masas continuas de pinar natural más extensas de la Península Ibérica y formaciones kársticas de referencia mundial como la Ciudad Encantada y los Callejones de Las Majadas.
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Cuenca, Cuenca
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Hoces profundas, muelas calizas, torcas, lagunas de montaña y extensos pinares conforman un territorio donde el agua y la roca modelan uno de los paisajes más impresionantes de Castilla-La Mancha.
La Serranía de Cuenca es un espacio natural de gran extensión que abarca casi una quinta parte de la provincia de Cuenca y se prolonga en el término municipal de El Recuenco, en Guadalajara. Está formada por un complejo conjunto de sierras mayoritariamente calizas, donde destacan sectores como Beteta, Tragacete, Uña-La Toba, Valdemeca o Buenache. Su cumbre más elevada es La Mogorrita, con 1.864 metros.
Se distribuye en 40 municipios de la provincia de Cuenca y uno de Guadalajara (El Recuenco).
El espacio incluye el Parque Natural Serranía de Cuenca, la Reserva Natural de la Laguna del Marquesado, los Monumentos Naturales de la Hoz de Beteta y Sumidero de Mata Asnos, Serrezuela de Valsalobre, Muela Pinilla y El Puntal, Torcas de Lagunaseca, Palancares y Tierra Muerta, Nacimiento del Río Cuervo y Lagunas de Cañada del Hoyo, además de la Microrreserva de la Cueva de los Morceguillos.
Cantiles calizos, pinares interminables y lagunas de aguas tranquilas dibujan un paisaje de contrastes donde la roca y el bosque dominan el horizonte.
El relieve está marcado por espectaculares formas kársticas sobre calizas y dolomías jurásicas y cretácicas, que dan lugar a parameras, muelas, gargantas y hoces. Entre sus formaciones más emblemáticas destacan la Ciudad Encantada de Cuenca, los Callejones de Las Majadas, el Tormagal de Muela Pinilla o las Torcas de Palancares y Lagunaseca.
Las hoces fluviales constituyen otro de sus grandes atractivos: la Hoz de Beteta y la Hoz de Tragavivos (río Guadiela), el Estrecho de Priego (río Escabas), la Hoz de Alonjero (río Cuervo) o los farallones del Júcar en el límite sur de la Muela de la Madera. Estos cañones albergan microclimas que permiten la presencia de especies vegetales eurosiberianas como tilos, tejos, avellanos, acebos, mostajos o álamos temblones.
El murmullo del Júcar, el Guadiela o el Cuervo se mezcla con el sonido del viento en los pinares y el batir de alas sobre los farallones.
La Serranía alberga algunas de las masas continuas de pino laricio (Pinus nigra subsp. salzmannii) más importantes de la Península Ibérica. En las cotas más altas aparecen pinares de pino albar, mientras que sobre sustratos silíceos crecen pinares de pino resinero. También están bien representados quejigares, encinares, rebollares y sabinares, destacando los sabinares albares de Tierra Muerta.
En enclaves húmedos y umbríos se conservan bosquetes relícticos de roble albar, abedul, tilo y tejo, así como comunidades de brezales y piornales de montaña.
La abundancia de agua superficial y subterránea origina manantiales, lagunas y formaciones tobáceas de gran belleza como el Nacimiento del Río Cuervo o las Chorretas de Vega del Codorno. Destacan lagunas de montaña como Uña, El Tobar o la Laguna del Marquesado, esta última con especies acuáticas únicas en España.
La superficie áspera de los lapiaces y la corteza del pino laricio recuerdan la fuerza geológica que ha modelado este territorio durante millones de años.
Es uno de los principales territorios de rapaces de Castilla-La Mancha. Alberga importantes poblaciones de alimoche común, buitre leonado, águila real, águila perdicera, águila culebrera, aguililla calzada, halcón peregrino, azor y búho real.
Entre los mamíferos destacan la nutria, el gato montés, la garduña, el tejón y el topillo de Cabrera, que encuentra aquí uno de sus mejores refugios ibéricos. Las numerosas cavidades albergan colonias de murciélagos cavernícolas de gran interés.
En los ríos habita la trucha común —con un importante reservorio genético en la cuenca del Júcar— y el cangrejo autóctono de río. También es notable la riqueza entomológica, especialmente en lepidópteros.