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Una aventura casi secreta entre arroyos, pedrizas y una gran chorrera final en los Montes de Toledo. Garganta fluvial con cascada final de hasta 15 metros en un entorno mediterráneo frondoso y poco transitado.
Navahermosa, Toledo
La ruta parte desde el coto social de Navahermosa. Para acceder, se sale del pueblo hacia el cementerio y se continúa recto, dejando a la izquierda el Castillo de Dos Hermanas, fortaleza de los siglos XI–XII hoy semiderruida, con magníficas vistas sobre los Montes de Toledo y la llanura de olivos.
El sendero comienza ancho y cómodo, siguiendo el arroyo Jimena como guía natural. La vegetación mediterránea —lavanda, tomillo, jara, brezo, cantueso, escaramujo, rebollos y helechos— acompaña el recorrido. A medida que el valle se estrecha, la vereda se convierte en senda y obliga a avanzar en fila india. Tras unos 4 km aparecen tramos sin senda clara, con pedrizas y rocas donde es necesario orientarse con GPS y pequeños hitos de piedra.
En la parte alta comienza la Hoz propiamente dicha. El desnivel se concentra aquí: humedad, musgo y cantos rodados exigen atención. En época de lluvias habrá que vadear el arroyo en varios puntos. Entre sorpresas del camino destacan un tejo singular en el cauce y pequeñas chorreras intermedias.
El tramo final es el más técnico y también el más espectacular: encajonados entre grandes paredes, con arces, rosales silvestres y algún acebo, se alcanza la cascada de Carboneras, que cae en forma de cortina desde 10–15 metros. Para acceder hay que superar un saliente estrecho de roca donde apenas cabe un pie. La recompensa es un entorno fresco y casi secreto.
El regreso se realiza por el mismo itinerario (la bajada puede ser más delicada con agua). Existe alternativa parcial por pista desde la pradera del Risco Cisneros hacia el cruce de “El Chozo”, retornando a la cadena del coto social.
Recomendable llevar bastones y calzado con buen agarre. Atención especial en descensos con terreno mojado. Entorno de gran valor natural muy próximo a Cabañeros, con vistas hacia El Robledo, San Pablo de los Montes y Los Yébenes.
Contempla la chorrera final entre grandes paredes de roca.
Siente la humedad del cauce y la textura de la pedriza.
Escucha el murmullo constante del Jimena en la hoz.