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Endiablados con cencerros entre el público

Fiesta de La Endiablada

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Cuando febrero asoma en el calendario, Almonacid del Marquesado despierta al son de los cencerros. La Endiablada no se contempla en silencio: se vive entre saltos, ruido y tradición, en una de las manifestaciones festivas más impactantes del folklore conquense.

Endiablados saliendo de la iglesia con flores y cencerros

Sobre la experiencia

La Endiablada se celebra en honor a la Virgen de la Candelaria y a San Blas, y tiene raíces muy antiguas que se remontan a rituales precristianos relacionados con la fertilidad, la protección del ganado y el ciclo de las estaciones. Con el paso del tiempo, estas prácticas se integraron en el calendario religioso, dando lugar a una celebración única.

 

Los protagonistas son los diablos, vecinos del municipio que visten trajes rojos y amarillos, máscaras con cuernos y cencerros de gran tamaño sujetos a la cintura. Su misión es acompañar los actos religiosos, proteger las imágenes y recorrer las calles del pueblo con movimientos rítmicos, saltos y carreras que llenan el ambiente de estruendo y energía.

Vista

Trajes de colores intensos, máscaras cornudas y procesiones envueltas en movimiento constante.

Durante los días centrales de la fiesta, los diablos toman Almonacid del Marquesado desde primeras horas del día. El sonido constante de los cencerros marca el ritmo de la celebración, creando una atmósfera intensa que envuelve tanto a vecinos como a visitantes.

 

Las procesiones de la Virgen de la Candelaria y de San Blas constituyen los momentos más solemnes, escoltadas en todo momento por los diablos, que giran alrededor de las imágenes en un ritual cargado de simbolismo. A estos actos se suman encuentros, recorridos espontáneos por las calles y momentos de convivencia que refuerzan el carácter comunitario de la fiesta.

 

La Endiablada no es una representación teatral ni una recreación histórica: es una tradición viva, transmitida de generación en generación, que forma parte de la identidad colectiva del municipio.

Oído

El estruendo ininterrumpido de los cencerros, auténtica seña de identidad de la fiesta.

Detalles adicionales

El traje del diablo es uno de los elementos más reconocibles de la fiesta. Está compuesto por una vestimenta de colores llamativos, generalmente rojo y amarillo, una máscara con cuernos y varios cencerros de gran peso que producen un sonido profundo y constante. El esfuerzo físico que requiere portar estos elementos durante horas refuerza el carácter ritual y de compromiso con la tradición.

Olfato

Aromas de invierno, de calles concurridas y de gastronomía tradicional en los hogares.

La participación está reservada al vecindario, lo que garantiza la continuidad y autenticidad de la celebración, mientras que las personas visitantes adoptan un papel de observador integrado en el ambiente festivo del pueblo.

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