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Un Cristo marinero venerado en plena Mancha seca, danzantes centenarios y un pueblo entero volcado en su Día Grande cada 1 de mayo.
Villacañas, Toledo
Fiestas
Cuenta la leyenda que, en medio de un violento temporal, un barco a la deriva estuvo a punto de naufragar en alta mar. En lo alto de la viga mayor de la nave se apareció un Cristo, alrededor del cual danzaban ocho danzantes y el de la Porra. De forma milagrosa, el temporal amainó y la tripulación se salvó gracias a la intervención del Cristo de la Viga.
Según la tradición oral, un villacañero presenció aquel prodigio y fue quien trajo el culto de este Cristo marinero hasta Villacañas, un hecho que explica una de las paradojas más fascinantes de la fiesta: que un pueblo sin mar ni árboles haya venerado durante siglos a un Cristo nacido de una leyenda naval… y que hoy sea, además, el mayor productor de puertas de madera de España.
Desde el punto de vista histórico, la Orden Militar de San Juan de Jerusalén desempeñó un papel fundamental en la difusión de esta devoción. Los caballeros sanjuanistas repoblaron Villacañas en el siglo XIII y, muy probablemente, cristianizaron las antiguas danzas rituales y organizaron la Cofradía del Santísimo Cristo de la Viga, cuya estructura y simbología mantienen una clara impronta militar.
El colorido de los trajes, las danzas rituales y la imagen del Cristo recorriendo Villacañas crean un espectáculo único.
La fiesta se celebra de forma documentada desde hace más de cinco siglos y ha sido conservada generación tras generación por la Cofradía del Santísimo Cristo de la Viga. Su elemento más característico son las danzas rituales, consideradas las más típicas y originales de toda La Mancha toledana.
Estas danzas no son una sola, sino un conjunto compuesto por danzas de palos, de castañuelas y del cordón, ejecutadas por los danzantes con una precisión y simbolismo que sorprenden especialmente a quienes las contemplan por primera vez. Los vistosos trajes, las enaguas bordadas y la cuidada coreografía convierten cada acto en un espectáculo de gran fuerza visual y emocional.
El choque de los palos, el sonido de las castañuelas y los dichos tradicionales marcan el pulso de la fiesta.
La organización de la fiesta responde a una compleja jerarquía cofrade de inspiración militar, cuyos cargos conservan nombres y funciones tradicionales. El Mariscal actúa como Hermano Mayor y porta la bengala; el Capitán lleva una imagen del Cristo y un bastón; el Sargento Mayor porta el estandarte; y el Abanderado conduce la bandera junto a la bengala.
El ciclo festivo comienza el 19 de marzo, día de San José, con la celebración de la Puja en casa del Mariscal. De ella salen designados los siete danzantes, el de la Porra, el Alforjero (encargado de los palos y del cordón) y el Maestro, responsable de dirigir y enseñar las danzas durante los ensayos dominicales.
El 27 de abril se inicia oficialmente la fiesta con paloteos en la Plaza del Ayuntamiento y la petición de permiso al alcalde para el sorteo de los dos corderos engalanados. Esa noche se realiza la primera danza completa ante la casa del Mayordomo de Capitán, con reverencias solemnes al Cristo y el recitado de los dichos tradicionales. Las noches del 28 y 29 de abril las danzas se repiten en las casas del Mayordomo de Abanderado y del Sargento Mayor, culminando con el arranque de las cintas del cordón, señal del inicio del nuevo ciclo festivo.
El 30 de abril, los danzantes acuden por la mañana a la ermita de la Virgen de la Concepción y, por la tarde, ya con la indumentaria más vistosa, recorren el pueblo realizando danzas en las casas de los hermanos que custodian las insignias. La jornada concluye con la Pólvora, uno de los momentos más esperados, en el auditorio del Parque de la Glorieta del Prado.
El aroma de la pólvora, las flores y los dulces tradicionales envuelve cada rincón del pueblo.
El 1 de mayo es el Día Grande de Villacañas. Miles de personas se dan cita en el municipio para vivir la festividad del Santísimo Cristo de la Viga, atraídas por una celebración que une fervor religioso, espectáculo ritual y una hospitalidad profundamente arraigada. La procesión, las danzas y la participación popular convierten la jornada en uno de los grandes referentes festivos de la provincia de Toledo.