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Pequeñas arquitecturas de piedra que emergen entre viñedos y campos manchegos, los bombos son una de las señas de identidad más singulares de Tomelloso.
Tomelloso, Ciudad Real
Hay más de 90 bombos repartidos por Tomelloso
Visita libre
Siglo XIX
Arquitectura civil
Los bombos son construcciones rústicas de carácter agrícola, fabricadas con piedra del lugar —lajas o lanchas extraídas al arar la tierra— y levantadas mediante la técnica de piedra seca, sin ningún tipo de argamasa.
Generalizados a partir de la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la expansión del cultivo de la vid, servían como refugio y, en muchos casos, como vivienda temporal o permanente para pastores y labradores durante las faenas del campo.
La silueta redondeada del bombo destacando entre viñedos y campos abiertos, integrada en el paisaje manchego.
Estas construcciones presentan planta generalmente circular, aunque también pueden encontrarse ejemplos cuadrangulares u ovoides. La cubierta se resuelve mediante una falsa bóveda por aproximación de hiladas, técnica tradicional que garantiza estabilidad sin necesidad de mortero.
En su interior se disponían distintos elementos funcionales: chimenea, poyos para el descanso, hornacinas a modo de alacenas, estacas o ganchos para colgar los aperos de labranza y una zona destinada a cuadra para los animales.
Repartidos por todo el término municipal, actualmente existen más de 90 bombos protegidos y en buen estado de conservación. Su singularidad despertó el interés en el I Congreso de Arquitectura Rural en Piedra Seca, donde se solicitó a la UNESCO su declaración como Patrimonio de la Humanidad.
El silencio del campo interrumpido por el viento y el sonido lejano de las labores agrícolas.
Los bombos no solo cumplen una función práctica, sino que forman parte del paisaje cultural manchego, integrándose armónicamente entre viñedos y campos de cultivo. Constituyen un valioso ejemplo de arquitectura popular adaptada al entorno y a los recursos disponibles.
Su construcción está relacionada con la roturación de las tierras, donde el labrador extraía y amontonaba las piedras que impedían el cultivo y luego estas piedras fueron utilizadas para edificar estos bombos a partir de la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de la enorme extensión del cultivo de la vid, sirviendo como vivienda y refugio durante las faenas del campo, tanto para los labradores como para los aperos de labranza y animales de carga o tiro.
El sabor de los productos de la tierra —vino, pan y queso manchego— que acompañaban la vida cotidiana en el campo.
La ruta de los Bombos es una forma de sumergirte en un mar de viñedos salpicados de estas construcciones realizadas con piedra seca, sin ningún tipo de argamasa, y considerados como geniales joyas arquitectónicas que decoran y embellecen el paisaje rural de Tomelloso.