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Toledo es una ciudad imprescindible. Un lugar de visita obligada. Patrimonio de la Humanidad, atesora una historia milenaria, una extraordinaria belleza y una inigualable riqueza cultural y artística. Su casco histórico es uno de los más extensos del mundo. Iglesias, conventos, ermitas, mezquitas, sinagogas, palacios, castillos, museos, casas señoriales, termas romanas, baños árabes, un circo romano, restos visigodos o de prehistóricos asentamientos… Deambular por el laberinto de callejas y plazas, entre sus altos muros conventuales que se levantan sobre una impresionante mole granítica abrazada por las aguas del río Tajo, es un viaje en el tiempo que deja una huella imborrable.
Toledo, Toledo
Martes
Visitar Toledo es disfrutar de cada rincón, de cada momento, de cada instante. La ciudad de las Tres Culturas tiene en la popular Plaza de Zocodover su centro neurálgico. Muy cerca, desde el mirador que se asoma al Tajo junto al Alcázar, se tienen unas vistas privilegiadas del cerro del Bú, donde se han encontrado vestigios de un poblado de la Edad de Bronce, con seguridad los primeros pobladores de Toledo. En la misma plaza también se han encontrado restos de la muralla romana, que forman parte del conjunto de restos del antiguo Toletum que hoy se pueden visitar como el Circo Romano o las termas de la plaza de Amador de los Ríos.
No muy lejos se encuentra la preciosa iglesia de San Román que alberga el Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda, una cultura que tocó a su fin con la llegada de los árabes y el “nacimiento” de Tulaytula, el Toledo musulmán. Durante siglos se leventaron mezquitas, hammanes, zocos, viviendas populares y palacios en un entramado urbanos que permanece hasta nuestros días. Conviene acercarse a contemplar las mezquitas del Cristo de la Luz –una joya islámica construida en el 999– y la de Tornerías, que alberga el Centro Regional de Artesanía de Castilla-La Mancha y una oficina de turismo.
La entrada de Alfonso VI en la ciudad supone el inicio de una nueva etapa que la convertiría en sede de la corte y epicentro cultural. La riqueza artística y arquitectónica se desborda durante aquellos siglos. La calle Ancha o del Comercio, entre bulliciosas tiendas de damasquinados y recuerdos, conduce a la Catedral. El templo, Primado de España, es parada obligada. La visita requiere su tiempo, pues dicen que su riqueza artística es solo superada por San Pedro en Roma.
A un paso de la Catedral nos adentramos en la Judería. El entramado de callejuelas y plazoletas nos descubren bellos y tranquilos rincones. Imprescindibles son la sinagoga del Tránsito o de Samuel Ha-Leví, la más bella sinagoga medieval conservada en el mundo, que aloja el Museo Sefardí. En la misma calle Reyes Católicos, una auténtica “milla cultural y museística”, abren sus puertas la bella sinagoga de Santa María la Blanca; la Escuela de Arte –de estilo neomudéjar–; el magnífico Monasterio de San Juan de los Reyes, uno de los mejores conjuntos del gótico hispano-flamenco; y el Museo del Greco otra parada ineludible y un espacio único por la magnitud y calidad de las obras que expone. Muy cerca se encuentra la iglesia de Santo Tomé que alberga la que para muchos es la obra cumbre de el Greco, El entierro del señor de Orgaz. Compartiendo muro con el templo se levanta el Palacio de Fuensalida, sede del gobierno de Castilla-La Mancha.
Y aún hay más. El Museo de Santa Cruz es un espacio impresionante tanto por el contenido como por el continente; el Alcázar, imponente y emblemático, aloja el Museo del Ejército; el convento de Santa Fe se remodeló para acoger el Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha y la Colección Roberto Polo; el Museo de Victorio Macho se asoma al Tajo en un espectacular emplazamiento; es imposible permanecer impasible ante la delicadeza de las yeserías del Museo Taller del Moro; el Museo Duque de Lerma en el Hospital de Tavera recibe al visitante en la entrada de la ciudad; e iglesias como la de Santiago del Arrabal –conocida como la catedral del mudéjar–, la del El Salvador –una de esas pequeñas joyas que pueden pasar inadvertidas–, o la de los Jesuitas desde cuya torre se contempla unas vertiginosas vistas de la ciudad.
Las vistas desde las torres de la Catedral, el Alcázar o la iglesia de los Jesuitas.
Una recomendación: piérdete por esta ciudad inigualable. Déjate llevar por el laberinto de callejas empedradas, plazuelas, adarves, cobertizos y rincones mágicos. Perderse por la ciudad es una experiencia fascinante que nos transporta en el tiempo. En ese deambular podemos acabar en algunas de las puertas monumentales que dan acceso al casco antiguo, como la de Bisagra, la del Cambrón o la de Valmardón; recorriendo las murallas que protegen la ciudad; asomándonos a los miradores que contemplan las aguas del río Tajo; o cruzando los monumentales puentes de Alcántara y San Martín.
Además, repartidos por todo el entramado urbano, los conventos toledanos atesoran una larga historia y una ingente riqueza artística. Algunos todavía mantienen la clausura, pero es posible visitar, en algunos casos, parte de sus estancias. Es el caso de los de Santa Isabel, San Clemente, Santo Domingo el Antiguo, San Pedro Mártir –sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha– o el de las Concepcionistas.
Las calles por las que transita el cortejo de la procesión del Corpus Christi se inundan de los aromas del tomillo, cantueso y romero que tapizan el empedrado.
Toledo no se entiende sin el Tajo. Las aguas del río abrazan el peñasco granítico sobre el que se levanta el casco antiguo convirtiéndolo en una península conectada por tierra solo por el flanco norte. Las riberas del Tajo se han ido acondicionando en los últimos lustros y hoy una senda ecológica las recorre en un agradable paseo en el que se pueden contemplar hasta 70 especies de aves, entre ellas cormoranes, garzas, ánades, garcetas o fochas. Una perfecta opción también para hacer un alto en el camino y descansar en plena naturaleza de la visita a la ciudad.
Y, en lo alto, al otro lado del río, entre encinas, olivos y almendros, en un idílico paisaje, se levantan los históricos cigarrales. Antiguas casas de campo de encalados muros y bellas mamposterías, con discretos y cuidados jardines, y recogidos rincones, en alguno de los cuales se celebraban reseñadas tertulias de artistas e intelectuales. Algunos de estos cigarrales se han convertido hoy en coquetos y muy recomendables establecimientos hosteleros que ofrecen espectaculares vistas de la ciudad.
El tañido de las campanas de iglesias, conventos y ermitas nos transporta en el tiempo.
Cualquier momento es bueno para visitar Toledo, pero será una experiencia mucho más intensa y gratificante si coincide con la celebración del Corpus o la Semana Santa, ambas declaradas de Interés Turístico Internacional.
El Corpus en Toledo es historia –se celebra desde 1418–, tradición, arte, espiritualidad y colorido. Recorrer las engalanadas calles con aroma a tomillo, cantueso y romero, cubiertas por los antiguos toldos de los gremios de tejedores y sederos es una experiencia inolvidable. Como lo es también contemplar el paso de la solemne procesión en la que destaca la magnífica custodia elaborada por Enrique de Arfe a principios del siglo XVI.
Silencio, solemnidad y sobriedad son las señas de identidad de la Semana Santa de Toledo. Imagina el paso de las procesiones por este entramado urbano único. Son casi 6.000 los cofrades que acompañan a sus imágenes en las diferentes procesiones que recorren callejuelas y plazoletas a la luz de velas y candiles. Una experiencia imborrable.
Ubicación: En el centro de la península Ibérica abrazado por las aguas del Tajo.
Historia: Toledo atesora una rica y milenaria historia
Patrimonio: Catedral / Museo del Greco / Mezquita del Cristo de la Luz / Sinagoga del Tránsito.
Naturaleza: Senda ecológica de las riberas del Tajo.
Artesanía: Damasquino / Cerámica / Espadas.
Gastronomía: Mazapán / Carcamusas / Perdiz a la toledana.
Fiestas: Corpus / Semana Santa / Feria de la Virgen del Sagrario / Romerías.
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