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A los pies del castillo de Atienza, en una de las zonas más elevadas y sobrecogedoras de la villa, se levanta Santa María del Rey: un templo que condensa siglos de historia en piedra. Su emplazamiento explica su carácter de iglesia “fortificada”, muy próxima al recinto amurallado, y su silueta —dominada por la torre— se recorta sobre el paisaje del cerro con una fuerza que se siente incluso antes de cruzar el camposanto. Una de las iglesias históricas más emblemáticas de Atienza: románico, huella de mezquita y carácter fortificado junto al castillo.
Atienza, Guadalajara
Situado en Atienza (Guadalajara), en la ladera bajo el castillo y junto al cementerio municipal. Entorno del Cementerio Municipal de Atienza, acceso a pie por los caminos bajo el castillo (zona alta de la villa).
Interiormente sólo se puede visitar una vez al año: el 15 de agosto, de 12:00 a 14:00, coincidiendo con la celebración católica que en ella tiene lugar. Exteriormente se puede visitar las 24 horas del día; si bien, el pórtico sur sólo se puede contemplar de cerca cuando el cementerio está abierto. El horario del cementerio es variable, soliendo estar abierto con la luz del día durante el tiempo bueno.
Entrada gratuita.
Visita libre
Siglo XII
Arquitectura religiosa
Religioso
Santa María del Rey fue la iglesia del antiguo “barrio del Rey” y se levantó, según la tradición, por iniciativa de Alfonso I en 1112, sobre el lugar donde antes existía una mezquita. A lo largo del tiempo, el edificio fue transformándose con reformas entre los siglos XIII y XVII, de modo que lo que hoy contemplamos es un palimpsesto arquitectónico donde conviven restos románicos con añadidos posteriores.
La torre emerge sobre la pendiente y el cementerio, con el castillo muy cercano: una escena medieval de gran fuerza paisajística. La portada concentra el detalle: relieves y figuras en piedra que invitan a mirar despacio.
La visita a Santa María del Rey es, sobre todo, una experiencia de lectura del lugar: un templo que ya no funciona como parroquia, sino como ermita vinculada al cementerio, y que mantiene esa atmósfera de recogimiento que solo ofrecen los espacios donde el tiempo se ha depositado por capas.
El conjunto destaca por dos elementos que estructuran la mirada . Primero, su torre de planta cuadrada, organizada en cuerpos marcados al exterior por impostas y con decoración de arquerías ciegas en el tramo inferior, que actúa como hito visual del entorno. Segundo, sus portadas medievales, especialmente llamativas por su repertorio escultórico: arquivoltas y chambranas pobladas de figuras —de talla popular y expresiva— que convierten la entrada en un auténtico “umbral narrativo” de piedra.
Además, su posición inmediata al castillo y a la línea defensiva de la villa alimenta la idea (no confirmada arqueológicamente) de que pudo existir una comunicación o pasadizo entre la fortaleza y la torre, lo que refuerza la lectura estratégica del emplazamiento.
Silencio de altura, pasos sobre grava y, según el momento, campanas lejanas o el viento que sube desde los valles.
Arquitectura y entorno: La cercanía al segundo recinto amurallado y la elevación del cerro explican su impronta “militar” dentro del paisaje urbano medieval de Atienza, donde los templos también podían formar parte del sistema defensivo o, al menos, de su imaginario.
Torre: Es el gran referente exterior del edificio: planta cuadrada, desarrollo en varios cuerpos y decoración que conserva lectura románica en su organización y en ciertos paños visibles del muro original.
Portadas: La entrada se convierte en un punto de alta intensidad patrimonial: figuras talladas de manera desigual y expresiva, que aportan un valor singular por su carácter popular y por el “ambiente” medieval que transmiten.
Recomendación de visita: Combina muy bien con un recorrido a pie por el castillo y los recintos amurallados, para entender la lógica topográfica de la villa y cómo el templo queda integrado en ese “perfil” defensivo del cerro.
Piedra fría y rugosa en muros y portadas; sensación de relieve “vivo” al acercarse a la escultura.
Cronología principal: origen atribuido a 1112 (s. XII), con reformas entre los siglos XIII y XVII.
Uso actual: ermita asociada al cementerio.
Interés artístico: torre cuadrangular y portadas con rica decoración escultórica en arquivoltas y chambrana.
Interior visitable de forma muy limitada (según celebraciones puntuales); el exterior puede contemplarse en cualquier momento, teniendo en cuenta el acceso a través del entorno del cementerio.
Nambroca, Toledo
Almadén, Ciudad Real
La Roda, Albacete
Mota del Cuervo, Cuenca
Valdeavellano, Guadalajara
Fuentealbilla, Albacete