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Alarcón no se visita: se conquista paso a paso. Su castillo y sus murallas convierten el paseo en un viaje directo a la Edad Media, con el río Júcar haciendo de guardián silencioso.
Alarcón, Cuenca
El castillo alberga actualmente el Parador Nacional de Turismo Marqués de Villena, es visitable en sus espacios comunes.
El castillo de Alarcón tiene su origen en época islámica, aunque su configuración actual responde en gran parte a las reformas cristianas tras la conquista definitiva en el siglo XII. A lo largo de la Edad Media fue una plaza estratégica disputada por reinos, órdenes militares y nobles, consciente siempre de su valor como bastión defensivo.
Las murallas rodean buena parte del casco histórico, adaptándose al relieve rocoso y reforzando los puntos más vulnerables del meandro. Torres, lienzos y puertas convierten a la villa en un ejemplo sobresaliente de sistema defensivo integrado en el paisaje.
Un meandro perfecto, murallas recortadas sobre la roca y un castillo que parece flotar sobre el río.
La fortaleza alcanzó especial relevancia bajo el dominio del marquesado de Villena y, más tarde, de los Pacheco, una de las familias más poderosas de la Castilla bajomedieval. El castillo fue residencia señorial, bastión militar y símbolo de poder, funciones que se reflejan en su robusta arquitectura.
En el siglo XX, el edificio fue restaurado y transformado en Parador de Turismo, una intervención que permitió conservar el conjunto y mantener vivo el castillo sin perder su carácter histórico. Las murallas, por su parte, siguen marcando el perímetro del antiguo recinto y ofreciendo algunos de los paseos panorámicos más impresionantes de la provincia.
El viento golpeando los muros y el murmullo del Júcar en el fondo del valle.
Recorrer las murallas de Alarcón es entender cómo la geografía puede convertirse en aliada. El trazado defensivo se adapta al perfil del meandro del Júcar, aprovechando los cortados naturales y reforzando los accesos con torres y puertas estratégicas. Desde lo alto, el paisaje se despliega en una combinación de roca, agua y cielo que justifica cada piedra colocada.
El castillo, situado en el punto más elevado, controla visualmente todo el entorno. Su presencia no es decorativa: es un recordatorio constante de la importancia histórica de Alarcón como enclave fronterizo y defensivo.
Aire limpio, piedra antigua y vegetación de ribera.
El conjunto se integra de forma excepcional en la Ruta de los Castillos de Castilla-La Mancha y dialoga directamente con otros grandes hitos defensivos de la provincia de Cuenca. La visita puede completarse con un paseo por el casco histórico, donde iglesias, casas nobles y miradores refuerzan la sensación de estar dentro de una fortaleza habitada.
Al caer la tarde, las murallas adquieren tonos dorados y el río refleja la silueta del castillo, ofreciendo una de las estampas más fotogénicas (y menos silenciosas para la cámara) de toda la región.
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