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Santa María la Mayor es un templo para mirar despacio: rosetón, claustro, capillas y cerámica cuentan la historia de Talavera en capas. No hace falta ser experto/a: basta con entrar, levantar la vista y dejarse llevar por los detalles. Aquí cada elemento —una bóveda, un ventanal, una pieza de cerámica— funciona como pista de un pasado largo y complejo.
Talavera de la Reina, Toledo
Plaza del Pan, s/n.
Acceso muy cómodo a pie desde cualquier punto del centro. La plaza es un buen lugar para empezar una ruta urbana: puedes encadenar la visita con un paseo por el casco histórico, restos de muralla y otros hitos culturales.
Jueves a sábado de 10:00-14:00h y 16:00-18:00h.
Domingo de 10:00-12:00h.
3 euros por persona.
Visita libre
Servicios religiosos
Mudéjar
Gótico
Siglo XIV
Arquitectura religiosa
Cerámica
Religioso
Santa María la Mayor fue colegiata desde 1211 hasta 1851, de ahí que en la ciudad se siga escuchando “La Colegial”. Su localización es también parte de su importancia: la iglesia ocupa un punto central en el entramado urbano, en un espacio que la tradición sitúa sobre el antiguo foro de Caesarobriga (la Talavera romana). Hay interpretaciones que relacionan el emplazamiento con etapas anteriores (romana, visigoda o islámica), lo que refuerza esa idea de “lugar sagrado y estratégico” reutilizado a lo largo del tiempo.
La iglesia que vemos hoy se configura sobre todo entre los siglos XIV y XV, cuando se levantan elementos esenciales como el claustro y el gran rosetón de la fachada principal. Con el paso de los siglos se añadieron reformas y ampliaciones (especialmente en la torre y la sacristía), que completan el perfil actual.
Fue declarada Bien de Interés Cultural y es Monumento Histórico-Artístico desde 1931.
Dedica tiempo para descubrir las maravillas de cada altura: suelo/retablos, capillas laterales y bóvedas. El templo cambia según dónde mires.
La planta es rectangular, con tres naves longitudinales rematadas por ábsides poligonales, sin crucero. Las naves se cubren con bóvedas de crucería y en la nave central destacan los terceletes, que aportan riqueza al dibujo de las nervaduras. Es un interior que combina la sensación de amplitud con una geometría muy clara: ideal para observar cómo se ordena el espacio y cómo la luz “viaja” por las alturas.
Uno de los grandes atractivos es el rosetón (siglo XV), realizado con técnicas vinculadas al ladrillo y el revestimiento, y con un aire flamígero muy reconocible. Es de esos elementos que, aunque lo mires dos minutos, te pide volver a mirarlo otros dos: cambia mucho según la hora del día.
Sin tocar elementos artísticos, observa texturas de piedra y ladrillo; el gótico-mudéjar se entiende también “con la piel” a través de la vista.
La torre combina etapas constructivas distintas: un cuerpo inferior vinculado a soluciones mudéjares y cuerpos superiores de carácter barroco (siglo XVIII). Esa superposición se aprecia incluso desde fuera, y es una buena excusa para explicar cómo los edificios históricos se “actualizan” sin perder su núcleo original.
En las naves laterales se abren capillas con especial interés histórico y artístico. Destacan las dedicadas a los Santos Mártires (de tradición talaverana) con monumentos funerarios del siglo XV, y la capilla de Santa Leocadia, con el lienzo de la aparición a San Ildefonso y el rey Recaredo (1592), atribuido a Blas de Prado.
El retablo mayor es de carácter neoclásico y se reconoce por el lienzo central de la Asunción de María, de Mariano Salvador Maella.
Respeta el silencio y recogomiento del tempo: el momento sin ruido y la acústica de la iglesia ayudan a sentir la escala del edificio.
Como sucede en muchos espacios emblemáticos de Talavera, la cerámica no es solo decoración: es identidad. La encontrarás, por ejemplo, en retablos como el del Cristo del Mar o el de los Santos Mártires, vinculado a la obra de Ruiz de Luna, además de placas conmemorativas que funcionan como pequeños hitos de memoria urbana.
El claustro (siglo XV) es uno de los espacios más especiales del conjunto: sobrio, gótico, de planta cuadrada, con ventanales ojivales y bóvedas cuatripartitas. Aquí se conservan referencias a figuras históricas ligadas a la ciudad, como Fernando de Rojas (autor de La Celestina), y también se recuerda a Fray Hernando de Talavera. Es un lugar perfecto para bajar el ritmo, mirar la piedra y escuchar el silencio.
La iglesia está llena de pequeñas historias: marcas de cantería con símbolos, leyendas populares ligadas a sepulcros, y hasta la famosa inclinación perceptible desde algunos puntos. Son detalles que convierten la visita en algo cercano: el patrimonio deja de ser “serio” y se vuelve vivido.
Antigua colegiata (1211–1851) y uno de los grandes templos históricos de Talavera.
Estilo gótico-mudéjar con añadidos renacentistas y barrocos.
Rosetón del siglo XV y claustro gótico como imprescindibles.
Cerámica talaverana integrada en retablos y placas.
Ubicación central: perfecta para incluirla en una ruta a pie por la ciudad.
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