Cargando...

Molinos de viento iluminados al atardecer con fortaleza al fondo.

Cerro Calderico

  • Compartir en:

Visible a kilómetros de distancia sobre la llanura manchega, el Cerro Calderico es el gran icono de Consuegra. En su cima, castillo y molinos de viento dibujan una estampa inolvidable que conecta historia, literatura y paisaje en uno de los enclaves más fotogénicos de Castilla-La Mancha.

Molinos de viento alineados junto a una fortaleza sobre un paisaje rural.

Consuegra, Toledo

Sobre este lugar

El Cerro Calderico es una elevación caliza dispuesta en sentido norte-sur, con unos 100 metros de altura sobre la llanura y aproximadamente 1.500 metros de longitud. Situado junto al casco urbano de Consuegra y a unos 67 kilómetros al sur de Toledo, emerge como un hito natural y cultural que ha marcado el desarrollo histórico del territorio.

 

Habitado desde la Antigüedad, el cerro fue ocupado ya en el siglo VI a. C. por pueblos íberos. Durante la Edad Media adquirió un papel estratégico con la construcción del castillo, y en época moderna se transformó en un espacio industrial ligado a la molienda del cereal mediante el aprovechamiento del viento, recurso clave en una tierra donde el agua siempre fue escasa.

Vista

La silueta del castillo y los molinos reportándose sobre la llanura manchega crea una de las panorámicas más icónicas de Castilla-La Mancha.

Hoy, el Cerro Calderico es símbolo indiscutible de Consuegra y de La Mancha. Los molinos de viento, universales gracias a Don Quijote de la Mancha, evocan de forma inmediata las aventuras del hidalgo y la inspiración cervantina en un paisaje que parece detenido en el tiempo. Pocas imágenes resultan tan reconocibles como la silueta de estos gigantes escoltando al castillo sobre el horizonte manchego.

Oído

El sonido constante del aire moviendo las aspas recuerda que aquí el viento siempre ha sido aliado.

Detalles adicionales

El conjunto molinero del Cerro Calderico está formado por doce molinos de viento, recuperados de los trece que existieron originalmente. Algunos de ellos conservan íntegra su maquinaria tradicional, como Sancho, Rucio, Bolero o Espartero, permitiendo comprender el complejo funcionamiento de estos ingenios que transformaron durante siglos el trigo en harina.

 

Construidos principalmente entre los siglos XVI y XVIII, los molinos fueron esenciales para la economía de la comarca, marcada por una intensa producción cerealista. Sus mecanismos, perfeccionados con el uso, combinan aspas de álamo, ruedas catalinas, linternas de encina y estructuras de pino, formando auténticas obras maestras de la ingeniería popular.

Olfato

El aroma seco de la llanura y el recuerdo del grano molido evocan la esencia agrícola de La Mancha.

Mención especial merece el molino Sancho, que conserva completa la maquinaria del siglo XVI y vuelve a ponerse en funcionamiento durante la Fiesta de la Rosa del Azafrán, cuando tiene lugar la simbólica Molienda de la Paz. En este acto, el molino transforma realmente el trigo en harina, que se reparte entre las personas asistentes, manteniendo viva una tradición centenaria.

 

Cada molino posee nombre propio, muchos inspirados en personajes y episodios del Quijote, como Clavileño, Mambrino o el Caballero del Verde Gabán. El conjunto se completa con El Alfar, una construcción tradicional manchega situada a las afueras del pueblo, que alberga un museo con hornos originales, restos romanos y una interesante muestra de artesanía local.