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Alineados sobre la cima del Cerro Calderico, los molinos de viento de Consuegra dominan la llanura manchega desde hace siglos. Doce gigantes que han convertido el viento en alimento, el paisaje en literatura y la tradición en uno de los grandes símbolos de Castilla-La Mancha.
Consuegra, Toledo
Molino Bolero (Oficina de Turismo)
Horario de verano 1 junio- 30 septiembre
Lunes a domingo de 9:00 a 19:00 h.
Horario de Invierno 1 octubre- 31 mayo
Lunes a domingo de 9:00 a 18:00 h.
Molino | 1,5 € - Lunes a domingo.
Castillo + Molino | 4,5 € Martes y miércoles
Castillo + Molino + Museo | 5,5 € Lunes, jueves y viernes
Castillo + Molino Bolero + Molino Rucio + Museo | 7 €
El conjunto de molinos de viento del Cerro Calderico se extiende a lo largo de la cresta del cerro, aprovechando al máximo las corrientes de aire que caracterizan esta zona de La Mancha toledana. Construidos principalmente entre los siglos XVI y XVIII, estos ingenios surgieron como respuesta a la ausencia de cursos de agua constantes, que impedía el uso de molinos fluviales en una comarca de marcada vocación cerealista.
Originalmente existieron trece molinos, de los cuales se han recuperado doce, todos ellos visibles y visitables en la actualidad. Su silueta blanca, rematada por aspas de madera, forma una de las panorámicas más icónicas del patrimonio manchego.
Las aspas recortándose contra el cielo crean una de las imágenes más reconocibles de la región.
Universales gracias a Don Quijote de la Mancha, resulta imposible contemplar estos molinos sin recordar el célebre episodio de los gigantes. Miguel de Cervantes, gran conocedor del territorio, supo transformar este paisaje real en un símbolo literario que ha trascendido fronteras y siglos, convirtiendo a los molinos de Consuegra en referentes culturales de primer orden.
El aroma a cereal y a madera antigua evoca siglos de trabajo y tradición molinera.
Los molinos del Cerro Calderico destacan no solo por su número, sino por su excelente estado de conservación. Algunos de ellos mantienen íntegra su maquinaria original, permitiendo comprender el complejo funcionamiento de estos ingenios tradicionales. Aspas de álamo, rueda catalina, linterna de encina y un sólido armazón de vigas de pino conforman el corazón mecánico de estas construcciones, perfeccionadas a lo largo de generaciones de molineros.
Cada molino posee nombre propio, muchos de ellos inspirados en personajes y pasajes del Quijote, lo que refuerza su carácter identitario y narrativo dentro del conjunto.
El crujir de la madera y el silbido del aire recuerdan que el viento siempre ha sido el motor de estos molinos.
Mención especial merece el molino Sancho, que conserva completa su maquinaria del siglo XVI. Este molino vuelve a la vida durante la Fiesta de la Rosa del Azafrán, cuando se celebra la tradicional Molienda de la Paz. En este acto simbólico, el molino orienta sus aspas al viento y transforma el trigo en harina real, que se reparte entre las personas asistentes, manteniendo viva una tradición ancestral.
Otros molinos destacados son Rucio, Bolero y Espartero, que también conservan elementos originales de su maquinaria. El resto del conjunto se dedica a distintas temáticas manchegas y quijotescas, convirtiendo la visita en un recorrido cultural, histórico y etnográfico único.
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