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Descubre esta instalación de Ingeniería popular para conservar el frío antes de la electricidad. La nevera del siglo XVIII… sin enchufe y con mucho ingenio. Un ejemplo sorprendente de cómo la nieve fue, durante siglos, un bien estratégico.
Campo de Criptana, Ciudad Real
Ctra. CM-3105. km.4 - Campo de Criptana, en el paraje de la Ermita del Cristo de Villajos.
Combinar la visita con el Santuario del Cristo de Villajos.
Completar la jornada con los molinos de viento de Campo de Criptana.
Ideal para visitar en verano y apreciar el ingenio del frío tradicional.
Llevar calzado cómodo: la era empedrada tiene historia… y carácter.
De 09:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00.
Cerrado los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 de enero.
Entrada gratuita al Santuario, que permanece abierto. Para la visita al Pozo de Nieve hay que dirigirse al Santero, que se encuentra en el Santuario.
Tienda de recuerdos
Arquitectura industrial
Siglo XVIII
El Pozo de Nieve de Campo de Criptana se localiza en el noroeste del término municipal, en las inmediaciones del Santuario del Santísimo Cristo de Villajos. Se trata de uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura popular vinculada a la conservación del hielo en la provincia de Ciudad Real y una destacada muestra de arqueología industrial del siglo XVIII.
Geometría perfecta excavada en la tierra.
Los pozos de nieve —también llamados neveros— fueron infraestructuras esenciales durante la Pequeña Edad del Hielo (siglos XVII–XIX). En ellos se almacenaba la nieve recogida en invierno, compactada en capas con paja, para transformarla en hielo que se utilizaba durante los meses cálidos para conservar alimentos, enfriar bebidas y usos medicinales.
Piedra, yeso y la rugosidad de la cuarcita.
Este pozo presenta un desarrollo cilíndrico de planta circular, con un diámetro interior aproximado de 6,10 metros y una profundidad máxima conservada de 7,40 metros. Sus paredes están revestidas de mampostería careada trabada y enlucida con yeso pardo. El fondo cuenta con un sofisticado sistema de drenaje, formado por catorce canales radiales que conducen el agua hacia un pequeño pozo de decantación con desagüe, evitando el deterioro del hielo almacenado.
El conjunto estaba originalmente protegido por un edificio de planta cuadrada, con cubierta a cuatro aguas, dos plantas y dos accesos diferenciados: uno inferior y otro superior, este último al que se accedía mediante una escalinata exterior. Todo el complejo se encontraba rodeado por una amplia era empedrada con cantos cuarcíticos, destinada a la descarga y compactación de la nieve.
Tierra húmeda y memoria subterránea.
La primera mención documental del pozo aparece en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752), donde se atribuye su propiedad a la Cofradía del Santísimo Cristo de Villajos y se valora su renta anual en cien reales de vellón. Diversos documentos posteriores confirman su uso, explotación, alquiler e incluso su subasta en el siglo XIX, reflejando la importancia económica de este tipo de infraestructuras.
Un óleo de hacia 1850, obra de Francisco Pizarro Reíllo, representa el edificio del pozo junto a la ermita, aportando una valiosa referencia gráfica para su estudio y recuperación.
Pozo subterráneo de nieve de gran profundidad.
Sistema de drenaje radial perfectamente conservado.
Restos de la estructura original del edificio protector.
Centro de Interpretación, que explica su funcionamiento histórico.
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