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Uno de los grandes volúmenes monumentales que definen la Plaza Mayor de Cuenca. Un edificio austero por fuera y exquisito por dentro, símbolo del barroco religioso conquense.
Cuenca, Cuenca
Plaza Mayor de Cuenca, frente a la escalinata de la Catedral
Acceso libre al exterior, interior no visitable.
Acceso libre al exterior, interior no visitable.
Barroco
Siglo XVIII
Visita libre
Arquitectura religiosa
Patrimonio Humanidad
El convento definitivo se construyó gracias al impulso del canónigo Lujando, quien encargó las trazas iniciales a Alejandro González Velázquez y Blas de Rentería. La ejecución de la obra fue asumida posteriormente por José Martín de Aldehuela, figura capital de la arquitectura conquense del siglo XVIII, en colaboración con el maestro de cantería y albañilería Francisco Biñuales.
El resultado es un gran edificio de tres calles, de aspecto cúbico y severo, que responde perfectamente a los ideales de recogimiento propios de una comunidad de clausura.
La contundencia del volumen frente a la Catedral.
El exterior del convento se caracteriza por su austeridad geométrica. Sus dos fachadas fueron pintadas en el siglo XVIII y, ya a finales del siglo XIX, la fachada principal fue restaurada, adoptando una composición más próxima a la arquitectura civil.
La portada es el elemento más destacado:
Puerta adintelada
Enmarcada por pilastras que sostienen un amplio entablamento
Sobre ella, un óculo ovalado decorado con una guirnalda, en la que aparecen la mitra y las llaves papales, símbolos de la Orden de San Lorenzo Justiniano
Esta discreta monumentalidad encaja con la función conventual y con el entorno catedralicio.
Silencio conventual en pleno corazón monumental.
La iglesia es, sin duda, la joya del conjunto. Presenta una planta elíptica, clara herencia del barroco, con un eje longitudinal muy marcado:
En un extremo se sitúa el coro
En el opuesto, un presbiterio profundo y de planta cuadrada
El interior destaca por su gran refinamiento:
Muros curvos con arcuaciones entre pilastras corintias
Cornisa continua que refuerza la sensación de unidad espacial
Tribunas cerradas con hermas, que aportan ritmo y elegancia
Este diseño recoge influencias del barroco romano y del clasicismo tardío, reinterpretadas con gran sensibilidad.
Muros sobrios que esconden un interior delicado.
Originalmente, la iglesia estuvo ricamente decorada. En el centro de la bóveda rebajada se encontraba una pintura de Luis Velázquez que representaba la Venida de la Virgen del Pilar, enmarcada en un óvalo.
El retablo mayor, realizado en estuco por José Ramírez, se organizaba en torno a un bajorrelieve de la Virgen del Pilar entre columnas corintias. En los muros de la nave se abrían seis nichos con altares, dos de ellos dedicados a la Santísima Trinidad y a Santa Ana, San José y la Virgen María, y los otros cuatro con esculturas diseñadas por Ventura Rodríguez.
Desgraciadamente, la pintura de la bóveda y la mayor parte de los retablos fueron destruidos durante la Guerra Civil Española, lo que supuso una pérdida irreparable para el patrimonio artístico del convento.
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