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Un convento sin alardes exteriores y con una belleza interior profundamente espiritual.. Arquitectura recogida, silenciosa y exquisita, donde el tiempo parece haberse detenido.
Cuenca, Cuenca
Puerta de Valencia, 4 - Cuenca
El monasterio de clausura sigue activo, por lo que no es visitable el interior. El exterior tiene acceso libre.
Acceso solo exterior.
Visita libre
Siglo XVI
Religioso
Arquitectura religiosa
Patrimonio Humanidad
El conjunto conventual presenta tres alturas y unas fachadas casi ciegas, apenas animadas por pequeñas ventanas abiertas según las necesidades del interior y por discretos escudos que recuerdan a su fundador. Esta austeridad exterior responde tanto al carácter de clausura como a una concepción espiritual del espacio.
El acceso se realiza por una sencilla puerta de arco de medio punto, tras la cual se desarrolla un mundo interior sorprendente.
Las dependencias se organizan en torno a un patio irregular, muy poco habitual en los conventos, con pies derechos y zapatas de tradición gótica, rasgo que lo convierte en una pieza arquitectónica singular dentro del panorama conventual conquense.
Austeridad exterior y refinamiento interior.
Del conjunto original del siglo XVI se conservan:
El patio adaptado
Los tiros de escalera
La portada plateresca de la iglesia
Esta portada, obra de Pedro de Alviz, es uno de los mejores ejemplos del plateresco conquense de la década de 1530. Se compone de:
Arco de medio punto entre pilastras cajeadas
Entablamento decorado con grutescos y medallones
Frontón triangular con hornacina
Decoración con angelotes, escudos, figuras alegóricas y una llamativa calavera, probable símbolo de la muerte y la fugacidad de la vida
Silencio de clausura, solo roto por el tiempo.
En el siglo XVIII, se acomete una profunda renovación del conjunto bajo la dirección de José Martín de Aldehuela, quien decide conservar expresamente la portada plateresca, integrándola en su nuevo diseño.
La nueva iglesia adopta una planta centralizada dentro de un eje longitudinal, uno de los sellos del arquitecto, y se cubre con una cúpula elíptica perforada por lunetos, apoyada sobre pilares achaflanados. A los pies se dispone un coro alto, propio de los monasterios de clausura, que refuerza la sensación de centralización espacial.
La decoración, ligera y luminosa, con recuadros, hornacinas, pilastras de orden compuesto y abundantes cabezas de querubines, permite adscribir el conjunto, con matices, a una estética rococó de clara inspiración borrominesca.
Muros cerrados que protegen siglos de historia.
El convento mantiene su función original como monasterio de clausura, lo que refuerza su valor patrimonial, histórico y etnológico. El acceso al interior no está permitido, conservándose así un modo de vida casi inalterado durante más de cinco siglos.
Convento de clausura histórico. Su arquitectura resume con gran claridad la evolución del arte religioso en la ciudad, combinando restos del siglo XVI, especialmente platerescos, con una profunda remodelación rococó del siglo XVIII, dirigida por José Martín de Aldehuela, uno de los grandes arquitectos conquenses.
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