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Cuando la Ilustración quiso vestir al país, Brihuega puso los telares. El complejo se levantó dentro del recinto amurallado de Brihuega, en un enclave elevado que anteriormente ocupaba la ermita de Santa Lucía, y llegó a convertirse en uno de los centros fabriles más importantes del país, especializado en la producción de paños —especialmente mantas para el ejército— gracias a la abundancia de materias primas, la tradición textil local (documentada desde el siglo XIII) y el apoyo directo de la Corona. Hoy en día se ha reconvertido en Castilla Termal Brihuega, un hotel de lujo.
Brihuega, Guadalajara
Ubicación: Brihuega (extremo norte del casco histórico)
Acceso: A-2 · CM-201
El hotel está abierto las 24 h
Consultar las distintas tarifas de los servicios del hotel.
Siglo XVIII
Textil
Arquitectura industrial
La Real Fábrica de Paños se desarrolló a lo largo de varias fases constructivas entre mediados y finales del siglo XVIII, reflejando la evolución de las necesidades industriales y administrativas del complejo.
Dirigida por los arquitectos Manuel de Villegas y Ventura Padieme, se levantó el edificio más emblemático del conjunto: la Rotonda. Aunque se respetaron en gran medida las trazas originales de Villegas, Padieme introdujo modificaciones relevantes, como el cambio de posición de la escalera del zaguán, el acceso directo al patio central, la sustitución de las bóvedas por arcos semicirculares y la incorporación de un almohadillado decorativo frente a la entrada.
Bajo la dirección del arquitecto francés Jaime Marquet, se añadieron dos naves rectangulares paralelas al norte de la rotonda, destinadas a almacenes de tintes y prensas, además de la construcción de una nueva ermita, manteniendo la estética sobria y racional del conjunto original.
El arquitecto José Paz proyectó la casa del Superintendente, con jardines, situada entre la nave de prensas y la capilla, y una nave exterior para la fabricación de paños finos alineada con la bajada de San Felipe.
La rotunda geometría de la fábrica emergiendo sobre la villa.
Oído —
Olfato — Vegetación y humedad del barranco del Tajuña.
Tacto —
Emoción — La sensación de caminar por una utopía industrial del siglo XVIII.
En la úÚltima gran intervención (ca. 1786), se construyó una gran nave de telares al norte del complejo, con una dilatada fachada y una escalera imperial en su extremo sur. Destaca su portada lateral clasicista, fechada en 1810, con arco de medio punto, pilastras lisas y frontón triangular.
Tras un periodo de esplendor en el que llegó a contar con más de 100 telares y varios batanes, la fábrica fue saqueada durante la Guerra de la Independencia, utilizada como cuartel francés y, desde 1840, pasó a manos privadas. La actividad industrial se mantuvo hasta 1936, año en que cesó definitivamente con el estallido de la Guerra Civil.
Después de décadas de abandono, el conjunto reabrió sus puertas el 24 de noviembre de 2020, ya como espacio turístico y cultural, tras una profunda restauración impulsada por el Ayuntamiento de Brihuega, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Fomento a través del 1,5 % Cultural.
Piedra, hierro y madera al servicio de la industria ilustrada.
El edificio más singular del conjunto es la Rotonda, una construcción industrial de gran escala y diseño excepcional:
Planta circular, organizada en dos anillos concéntricos
Anillo interior articulado en torno a un patio central
Dos alturas:
Planta baja con soportes centrales y arcos que sustentan las cubiertas
Planta alta destinada a telares e hilanderas, con estructura de madera
Numerosos vanos en ambos anillos para garantizar una excelente iluminación natural, esencial para el trabajo textil
Al exterior, la fachada presenta una ordenación rítmica y sobria de huecos rectangulares, separados por líneas de impostas horizontales. La puerta principal, situada al norte, da acceso a un zaguán desde el que arranca la escalera hacia la planta superior.
El eco de la actividad del hotel sustituye al antiguo rumor de los telares.
Uno de los grandes atractivos del conjunto son sus jardines decimonónicos, realizados a comienzos del siglo XIX y promovidos por la esposa del industrial y político liberal Justo Hernández Pareja.
Inspirados en modelos versallescos y románticos, se organizan mediante:
Plazas circulares
Fuentes de piedra
Caminos rectos dispuestos radialmente
Parterres de boj recortado
Farolas, palmeras, cenadores y jaulas ornamentales
La influencia árabe se percibe en acequias, fuentes y en los arcos vegetales de cipreses italianos que delimitan el jardín hacia el barranco del río Tajuña, creando un espacio íntimo y evocador.
La Rotonda industrial y su patio central
Las antiguas naves fabriles y administrativas
La capilla y dependencias del conjunto
Los jardines históricos, miradores y paseos
Un ejemplo excepcional de patrimonio industrial ilustrado recuperado para el uso cultural y turístico
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