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Por ejemplo: "Planes de fin de semana en Castilla-La Mancha", "Paisajes naturales", "Rutas gastronómicas"... o cualquier nombre que se ajuste a tus planes.
Verde por fuera, blanco cremoso por dentro y con el verano latiendo en cada bocado. Así sabe La Mancha cuando se corta en rodajas. Un fruto con Indicación Geográfica Protegida que convierte el paisaje manchego en sinónimo de dulzor, frescor y calidad certificada.
Tomelloso, Ciudad Real
El Melón de La Mancha, reconocido con Indicación Geográfica Protegida desde 2014, pertenece a la variedad botánica Saccharinus, conocida popularmente como piñonet o piel de sapo.
Se caracteriza por:
Forma elipsoidal u ovoide.
Corteza verde con manchas oscuras que tornan amarillentas en la madurez.
Grosor medio de piel entre 0,6 y 0,8 cm.
Pulpa blanca o cremosa.
Desde el punto de vista sensorial, lo que lo distingue es su alto contenido en azúcares naturales, su extraordinaria jugosidad y su escasa fibrosidad.
Un fruto que no solo refresca, sino que aporta vitamina C, ayudando a combatir el cansancio y favoreciendo la absorción del hierro.
Como muchos cultivos de la región, es probable que su introducción en La Mancha se produjera en época andalusí. Las referencias más antiguas aparecen en el tratado agrícola de Ibn Bassal al-Tulaytubí, del siglo XI, prueba de que el melón forma parte de la historia agrícola manchega desde hace casi mil años.
Hoy continúa siendo un cultivo social hortícola fundamental en muchas explotaciones familiares, complementando ingresos procedentes de la viña y los cereales.
La producción, acondicionamiento y envasado del Melón de La Mancha IGP se concentra en la comarca natural de La Mancha, junto al Alto Guadiana, e incluye los municipios de:
Alcázar de San Juan
Arenales de San Gregorio
Argamasilla de Alba
Campo de Criptana
Daimiel
Herencia
Las Labores
Llanos del Caudillo
Manzanares
Membrilla
Puerto Lápice
Socuéllamos
Tomelloso
Valdepeñas
Villarta de San Juan
Un territorio de suaves llanuras, viñedos interminables y horizontes donde los molinos recortan el cielo.
Centro neurálgico de la comarca, con patrimonio histórico vinculado a la Orden de San Juan y excelente punto de partida para conocer el paisaje agrícola del Alto Guadiana.
Molinos de viento icónicos que evocan las aventuras de don Quijote y dominan el paisaje cerealista y hortícola.
La “cuna de El Quijote”, con la Cueva de Medrano como emblema literario.
Puerta de entrada al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, uno de los humedales más importantes de España.
Tierra de viñedos, bodegas y tradición agrícola.
Capital del vino, donde el melón encuentra el mejor maridaje posible en la cultura enológica.
Espacio Natural imprescindible para combinar naturaleza y producto local.
La Ruta del Melón de La Mancha no es solo agrícola. Es una experiencia completa que mezcla:
Cultura cervantina.
Tradición vitivinícola.
Parques nacionales y espacios naturales protegidos.
Gastronomía manchega.
Aunque no tenga el protagonismo mediático del queso o el vino, el melón manchego juega en la misma liga de calidad.
Y además… entra mejor frío.
Melonares extendiéndose bajo el sol manchego.
Oído – El viento entre los molinos
El paisaje sonoro de La Mancha acompaña la cosecha.
Olfato – Frescor recién cortado
El aroma dulce y limpio al abrir el fruto.
Tacto –
Gusto –
Equilibrio perfecto entre azúcar natural y frescor.
Textura consistente, nada fibrosa.