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Desde lo alto del cerro que domina Huete, el Castillo de la Luna vigila aún hoy la Alcarria conquense. Sus ruinas, cargadas de siglos de historia, conservan la memoria de íberos, romanos, musulmanes y cristianos que hicieron de este lugar un enclave estratégico fundamental.
Huete, Cuenca
Se llega a él por un camino amplio que parte desde la parte alta del barrio de Atienza.
El castillo es de propiedad municipal y de acceso libre.
Visita libre
Musulmana
Siglo X
Fortificaciones
El Castillo de Huete se alza al noroeste del casco urbano, sobre un cerro situado al oeste del barrio de Atienza. Su posición privilegiada permite dominar visualmente un amplísimo territorio: desde la sierra de Altomira hasta el valle del río Mayor, las alcarrias de Sacedón, la serranía conquense y los primeros relieves de la Manchuela.
Disfruta de una de las panorámicas más amplias de la Alcarria conquense, con vistas que abarcan valles, sierras y campos infinitos.
Se trata de un castillo de cerro de tipo alcazaba, con planta rectangular muy alargada, adaptada a la forma del relieve. Su origen se remonta a un asentamiento prerromano, documentado por restos de la Edad del Bronce, y posteriormente a la ciudad romana de Julia Opta, ligada a la explotación del lapis specularis, el yeso cristalizado tan característico de la comarca.
Sobre estos vestigios, en el siglo IX, los musulmanes levantaron la alcazaba de Wabda, reforzando un lugar que ya desde antiguo había tenido carácter defensivo. Tras la conquista cristiana en 1150 por Alfonso VII, la fortaleza fue reformada y pasó a conocerse como Castillo de la Luna, desempeñando un papel clave durante los conflictos fronterizos del siglo XII.
Toca la piedra centenaria de los muros y siente la aspereza del sillarejo moldeado por siglos de historia.
A lo largo de los siglos, el cerro fue ocupado por distintas culturas: íberos, romanos, visigodos y musulmanes. La alcazaba islámica alcanzó su máximo esplendor entre los siglos IX y X, protegida por una potente muralla con numerosos torreones.
En 1174, el castillo resistió el asedio almohade, convirtiéndose en símbolo de la defensa de Huete. Con el avance de la frontera cristiana hacia el sur, la fortaleza perdió su función estratégica y comenzó un lento proceso de abandono, quedando reducida a los restos que hoy contemplamos.
Completa la visita degustando la gastronomía y los vinos de Huete, heredera de una tradición milenaria.
El castillo estuvo rodeado por quince torreones exteriores y uno intramuros. La torre principal, situada en el extremo sureste, fue la de mayor tamaño y es la única parcialmente restaurada en el siglo XX.
En el interior se conservan restos de silos excavados en la roca, un aljibe de grandes dimensiones dividido en dos compartimentos y vestigios de canalizaciones. Parte de la antigua muralla que descendía hacia el casco urbano aún puede reconocerse en distintos puntos.
La fortaleza fue construida principalmente con sillarejo, reutilizando en parte materiales procedentes de la ciudad romana de Julia Opta.
En la cima del cerro se levanta el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, construido con piedras procedentes del propio castillo, lugar de especial significado durante celebraciones tradicionales como la subida nocturna de Semana Santa.
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