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El llamado “oro rojo” de Castilla-La Mancha, símbolo agrícola, cultural y gastronómico de la región. El Azafrán de La Mancha es mucho más que una especia: es una tradición viva que se cultiva, se recoge y se transmite generación tras generación.
Consuegra, Toledo
El Azafrán de La Mancha se obtiene a partir de los estigmas de la flor del azafrán, recolectados manualmente y desecados mediante un tostado a fuego lento. Este proceso artesanal, único y original de la zona, potencia sus cualidades naturales y confiere al producto unas características organolépticas excepcionales, reconocidas históricamente como las mejores de España.
Su cultivo ocupa las comarcas manchegas pertenecientes a las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, donde se concentra aproximadamente el 90 % del cultivo nacional.
El Azafrán de La Mancha no es solo un producto agrícola, sino parte esencial del patrimonio histórico, cultural y gastronómico de Castilla-La Mancha, que debe ser protegido y conservado.
Hebras brillantes que concentran siglos de tradición.
El azafrán manchego se distingue por sus estigmas rojos bien definidos. Presenta muy poca longitud de estilo, no es astringente y destaca por su intensidad aromática, color profundo y elevada calidad organoléptica.
La recolección del azafrán se realiza de forma totalmente manual durante el otoño. Las flores se recogen a diario conforme van abriéndose y, posteriormente, se separan manualmente los estigmas o hebras de los pétalos, uno a uno, en un proceso conocido como monda.
El secado del azafrán de La Mancha se realiza mediante tostado a fuego lento. Este procedimiento, exclusivo de la zona, sustituye al secado al sol y es responsable de su mayor poder colorante, mejor presencia y elevado contenido en safranal, compuesto clave de su aroma.
El azafrán es el condimento ideal para darle un toque de sabor diferente a los platos.
El cultivo del azafrán fue introducido en La Mancha por los árabes alrededor del siglo IX. Durante siglos fue un producto exclusivo de la alta burguesía andalusí. El primer documento escrito que menciona su cultivo en La Mancha data de 1720, y desde entonces su presencia ha quedado ampliamente documentada en tratados agrícolas y obras pedagógicas de los siglos XIX y XX.
Hoy en día, el azafrán forma parte esencial de la cultura popular manchega. Ha generado un vocabulario propio, fiestas, manifestaciones folclóricas, canciones, refranes y celebraciones populares, además de inspirar la zarzuela “La rosa del azafrán”, estrenada en 1930.
Consuegra (Toledo) es uno de los principales referentes del azafrán en Castilla-La Mancha. En esta localidad se celebra la Fiesta de la Rosa del Azafrán, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, centrada en la recolección, monda y tradición cultural del azafrán. Destacan tambien los concursos de monda de La Solana (Ciudad Real) y el Festival de la Rosa del Azafrán de Santa Ana (Albacete).
Intenso, profundo y persistente.
El azafrán ha sido históricamente símbolo de prosperidad. En algunos pueblos manchegos aún pervive la costumbre de regalar unas briznas de azafrán a los recién casados como deseo de abundancia y bienestar.
Las condiciones naturales y humanas de La Mancha determinan la calidad del azafrán. El clima, el suelo y la tradición centenaria han permitido una selección natural del cultivo y una especialización de las personas que participan en la recolección y elaboración, garantizando una calidad excepcional.